La formación de las primeras mujeres del Opus Dei (1945-1950)

Introducción

 

Entre 1945 y 1949 las mujeres del Opus Dei llegaron más o menos al medio centenar. La mayoría procedían de España pero había ya incorporaciones a la Obra de jóvenes de otras naciones, concretamente de Portugal y de Irlanda. En esos años solo existían numerarias, es decir, mujeres que se habían comprometido a vivir el celibato.

En cuanto hubo un grupo de chicas suficientes (entre nueve y doce) que llevaban cierto tiempo en la Obra –algunas varios años, otras pocos meses– Josemaría Escrivá comenzó con ellas la gran batalla de la formación. Influyó también en esta decisión el hecho de haber encontrado un inmueble adecuado, una finca llamada Los Rosales situada en el corazón de Villaviciosa de Odón, localidad cercana a Madrid. Además de la casa, existía un amplio jardín1.

Como explicó muchas veces Josemaría Escrivá, la actividad principal del Opus Dei consiste en ofrecer formación a sus miembros y a las personas que lo desean y se acercan a sus apostolados. Son «los medios espirituales necesarios para vivir como buenos cristianos en medio del mundo. Les hace conocer la doctrina de Cristo, las enseñanzas de la Iglesia; les proporciona un espíritu que les mueve a trabajar bien por amor de Dios y en servicio de todos los hombres»2. En esta formación Josemaría Escrivá distinguía cinco aspectos: humano, espiritual o ascético, doctrinal-religioso, apostó- lico y profesional. Con el primero se busca fomentar y fortalecer las virtudes morales y todo lo que tiene que ver con el desarrollo de la personalidad y la convivencia; el segundo se refiere a las virtudes teologales, es decir, aprender a vivir de fe, esperanza y caridad, que se manifiesta en la frecuencia de sacra- mentos, la práctica de la oración, el ofrecimiento del trabajo…; el tercero va encaminado a proporcionar un conocimiento profundo de la doctrina católica; la formación apostólica impulsa a ayudar a los demás a acercarse a Dios, mediando la amistad, el tiempo compartido, las conversaciones, las confidencias…; por último, la formación profesional consiste en aprender a santificar el trabajo3.

En Los Rosales se desarrollaron un buen número de estas actividades para las mujeres del Opus Dei durante la segunda mitad de los años cuarenta. En 1945 tuvo lugar un primer curso, que duró dos meses, del 1 de julio al 6 de septiembre. En 1946 se celebró el segundo, entre el 21 de marzo y el 28 de mayo. Además, ese año se organizaron también dos cursillos de formación “para antiguas”, dirigidos a las mujeres que ya habían realizado el curso del verano de 1945; tuvieron lugar, el primero, entre el 9 y el 20 de julio y el segundo entre el 22 de julio y el 2 de agosto4. En ellos, algunas numerarias comenzaron a impartir diversas sesiones a las demás asistentes.

Durante los años 1947 y 1948 no hubo cursos de formación. Es pro- bable que no pidieran la admisión en el Opus Dei suficientes mujeres como para reunir un grupo homogéneo, similar a los dos anteriores. Sin embargo, no dejaron de recibir formación, pues en Los Rosales continuaron los cursillos para las chicas que ya eran del Opus Dei desde hacía tiempo. Quizá, si hubo alguna nueva, se incorporó a ellos. En 1947 se celebraron nuevamente dos actividades de este tipo: la primera, entre el 19 de junio y el 10 de julio; y la segunda, entre el 16 de julio y el 6 de agosto; en 1948 hubo dos más, aunque las fechas no podemos determinarlas con exactitud. Sabemos que el primer curso comenzó el 2 junio y el segundo terminó el 1 de septiembre.

Ese año de 1948, y a pesar de que el desarrollo de las mujeres de la Obra no era muy grande, tuvo lugar la llamada I Semana de Trabajo, celebrada del 26 al 29 de noviembre de 1948. Se trataba de valorar lo realizado hasta entonces, tanto en el ámbito de la formación personal como en la tarea apostólica, y en marcar metas para los años siguientes.

El tercer curso de formación se desarrolló en 1949, en Santiago de Compostela, en la sede de la Administración doméstica del Colegio Mayor masculino La Estila. Eran casas separadas. Durante el verano, el colegio mayor lo utilizaban los varones del Opus Dei para realizar sus cursos de formación. La Administración de La Estila era una casa más amplia que Los Rosales y contaba igualmente con un amplio jardín. El cambio de sede estuvo motivado porque entre 1948 y 1949 pidieron la admisión en el Opus Dei un número significativo de chicas, el número más grande hasta el momento. En La Estila, contando a las que atendían las labores domésticas −que eran cinco−, hubo treinta y dos mujeres del Opus Dei desde el 6 de julio al 18 de septiembre de 19495. A partir de los años cincuenta ya no se interrumpieron los periodos del curso de formación.

En este artículo vamos a centrarnos en el estudio del tipo de formación ascética, doctrinal-religiosa y sobre el espíritu de la Obra (naturaleza y modos apostólicos propios) que se impartió en las actividades enumeradas; y en la tarea realizada durante la Semana de Trabajo con vistas a mejorar la forma de vivir el espíritu y los apostolados del Opus Dei por parte de las mujeres. Esta cuestión se halla íntimamente ligada al tipo de mujer que existía en el país en los años cuarenta y la formación previa, humana y espiritual, que traía la mayoría de las chicas antes de incorporarse a la Obra.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con los fondos del Archivo General de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. Concretamente con los diarios de Los Rosales y de la Administración doméstica de La Estila durante los periodos ya aludidos; con el material existente sobre la Semana de Trabajo de 1948; y por último con el cuaderno manuscrito en el que se encuentran los temarios y resúmenes de las clases impartidas en los dos primeros cursos de formación y en algunos cursillos para antiguas. También están anotadas las cuestiones tratadas en las meditaciones y círculos breves6.

Este cuaderno fue redactado por los sacerdotes que atendieron esas actividades. También se han utilizado diversos relatos de algunas de las asistentes (Sabina Alandes, María Teresa Echevarría), así como un informe escrito por Narcisa González Guzmán sobre el desarrollo del segundo curso de forma-ción.

Respecto a la bibliografía, no existe nada sobre este tema, salvo algunas alusiones publicadas en artículos de Studia et Documenta. Irán siendo cita- dos a lo largo de este trabajo, junto a otras obras referidas a cuestiones sobre el estatus de la mujer en España en los años cuarenta, el contexto económico del país y algunos trabajos académicos que han abordado estudios parciales y en fase muy preliminar sobre las mujeres del Opus Dei.

 

El primer curso de formación (Los Rosales, 2 de julio − 31 de agosto de 1945)

 

El mes de julio

 

El grupo de numerarias que realizó este curso comenzó con nueve y terminó con doce. Hemos podido comprobar la identidad de todas ellas, tarea realizada a través del diario y de narraciones y recuerdos personales de algunas de las asistentes. No todas comenzaron simultáneamente: al menos tres se incorporaron cuando ya habían pasado unos días: en concreto Digna Margarit y Raquel Botella, que eran primas y procedían de Valencia; y María Jiménez Mata, de Zaragoza. El resto eran: Narcisa González Guzmán (León), Encarnación Ortega Pardo (Valencia), Carmen Gutiérrez Ríos (Madrid), Guadalupe Ortiz de Landázuri (Madrid), Pilar Navarro-Rubio (Madrid), María Jesús Arellano (Navarra), Victoria López-Amo (Valencia), Sabina Alandes (Valencia) y María Teresa Echevarría (San Sebastián)7. De las que acabamos de enumerar, tan solo Guadalupe Ortiz de Landázuri poseía una licenciatura universitaria: Ciencias Químicas.

Vamos a detenernos especialmente en los pormenores de este primer curso. En el resto, la formación fue esencialmente la misma y solo cambiaron algunas circunstancias ambientales, que comentaremos en su momento.

La actividad comenzó el primer día de julio con un retiro mensual predicado por la mañana por José Luis Múzquiz, y por Josemaría Escrivá durante la tarde8. Los temas de meditación fueron docilidad y generosidad, la oración como medio esencial en la vida de relación con Dios, disposiciones para seguir a Jesucristo y la ayuda que la Santísima Virgen presta a sus hijos como Corredentora. Después del retiro, el fundador del Opus Dei estuvo hablando brevemente con ellas y les dijo que harían una vela eucarística la noche entera, el primer jueves de cada mes. Según la redactora del diario, el resumen de aquella jornada no podía ser más satisfactorio: Por fin llegó el día de empezar nuestro cursillo de formación y lo hemos hecho con un retiro completo, vino D. José Luis por la mañana, celebró y nos dio dos meditaciones estupendas. Por la tarde ha venido el Padre [Josemaría Escrivá] y nos ha dado otras dos y después tuvimos bendición. Ha sido un día completo, además después de terminar el retiro estuvimos un poquito hablando con el Padre y nos ha dicho que tendremos Exposición Mayor la noche del jueves al viernes, estamos más contentas…9.

Los días 2 y 3 de julio Álvaro del Portillo, aparte de darles una clase de Teología Moral sobre los actos del hombre y los actos humanos, leyó y explicó uno de los documentos básicos del Opus Dei, escrito por el fundador en el año 1933, la llamada Instrucción sobre el espíritu sobrenatural de la Obra. La clase hizo vibrar a las asistentes, como podemos leer en las anotaciones del diario en ambas jornadas: «Escuchamos con una verdadera avidez todo lo que nos dicen de la Obra y cada día estamos más agradecidas al Señor de que nos haya escogido para trabajar en ella y no solo esto sino de las pri- meras»; «Cómo se disfruta de oír hablar de la Obra y de poder vislumbrar un poco lo que fueron los primeros tiempos. Cada día estamos más entusiasmadas de nuestra vocación y más contentas»10. El 4 y 5 de julio, Del Portillo llegó a Los Rosales acompañado por el fundador. En ambos casos, este habló un rato con las allí presentes, primero en grupo y después una por una. Dice el diario, respecto al día 5: «El Padre nos ha traído un yugo auténtico de estilo árabe, traído de su último viaje a Portugal. Lo ha puesto en nuestro comedor y está formidable. […]. Estuvo aquí toda la mañana y habló con las que no lo hizo ayer». Es decir, Josemaría Escrivá se preocupaba por cada una en concreto y además estaba pendiente de conseguir, dentro de la enorme carencia de la época, objetos curiosos y ya desechados, que arreglados pudieran decorar con gracia las diversas estancias.

Las clases de aquellas dos jornadas corrieron de nuevo a cargo de Álvaro del Portillo, que se centró en un aspecto fundamental del espíritu del Opus Dei, la llamada “confidencia”: una charla de tipo espiritual, desarrollada en un ambiente de amistad y confianza, que mantienen cada una o dos semanas las personas del Opus Dei con otro miembro; el objetivo es identificarse con el espíritu de la Obra y mejorar su modo de llevar a cabo el apostolado. Es dirección espiritual, ejercida no solo por clérigos, sino también por laicos. El hecho de que las allí presentes comenzaran a escuchar estas confidencias y a dirigir espiritualmente a otras mujeres, resultaba totalmente novedoso para ellas. Por lo tanto, Álvaro del Portillo se extendió dos días, procurando que el público lo entendiera. El día 4 de julio apuntó en el cuaderno: «1ª conferencia: Confidencia semanal: necesidad; como costumbre de la Obra; prevenciones y obstáculos para su eficacia». Y el día 5: «Se habló por segunda vez, haciendo un resumen al principio, de lo dicho ayer, de la “confidencia semanal”: importancia, preparación, sinceridad, humildad, objetividad, tiempo y materia de la confidencia»11. Esta costumbre no había sido aún practicada por algunas de las presentes; otras tenían más experiencia, como González Guzmán, Ortega u Ortiz de Landázuri, pues llevaban más tiempo en la Obra. De momento, tanto las más antiguas como las nuevas pusieron en práctica la costumbre de la confidencia con los sacerdotes. Pero enseguida algunas empezaron a recibir la confidencia de las demás, ya que eso era lo propio del espíritu del Opus Dei.

Del Portillo habló igualmente el día 5 de julio sobre otro aspecto fundamental para un miembro del Opus Dei: las iniciativas apostólicas con chicas jóvenes y los medios para formarlas en vida interior y trato con Dios. Es lo que se llama la Obra de San Rafael. La anotación que realizó en el cuaderno merece transcribirse entera: Primera conferencia: Generalidades sobre la Obra de San Rafael. Utilicé un comentario hecho por Miguel [Fisac] a las primeras palabras de la Instrucción del Padre, porque no llevaba preparada otra cosa: pero no se presta demasiado. Hay que referir el espíritu de la Obra al modo de ser y de trabajar de la Rama femenina del Opus Dei y por eso conviene muchas veces utilizar comentarios ad hoc. Entiendo, por ejemplo, y así lo he hablado con el Padre, que decir a las asociadas en el primer cursillo que “la Obra no actúa” y que “tiene por labor exclusiva la formación de sus miembros”, no es oportuno; se podrá decir esto en un cuarto o quinto cursillo de formación. Antes puede desorientar por ser difícil de comprender12.

Las clases continuaron con normalidad. De ordinario, por la mañana un sacerdote dirigía la meditación y a continuación celebraba la Santa Misa. Después tenían lugar dos clases y más tarde las preguntas del catecismo de la Obra. Era un documento en el que se recogían los contenidos fundamentales del espíritu del Opus Dei y de su estatuto jurídico en aquellos momentos (sociedad de vida en común sin votos)13. Se les explicaba cada pregunta y luego debían aprenderlas de memoria, algo que de costumbre les resultaba complicado. También era esa la manera habitual de aprender el catecismo de la Iglesia Católica en los colegios de España.

Hasta el día 8 de julio las clases y las meditaciones corrieron a cargo de Álvaro del Portillo, que trató la jornada del 6 sobre la Pasión del Señor y su aparente fracaso, la traición de Judas, la soledad de Jesús y la desbandada de los apóstoles y, como consecuencia, la necesidad de la fidelidad de los cristianos. El día 7 hizo consideraciones sobre la alegría de la Resurrección del Señor. En cuanto a las clases, continuaron con los actos humanos: sobre su moralidad, material o formal, objetiva o subjetiva, y después sobre la formación de la con- ciencia. Todas estas cuestiones fueron explicadas y repasadas varias veces14.

El 8 de julio era domingo y por lo tanto no hubo clases. Es un buen momento para detenernos y observar el resto de las actividades que realizaban las mujeres del Opus Dei en aquel primer curso de formación. Ese día lo pasaron trabajando en distintas tareas: cuatro estuvieron ayudando en la cocina, dos limpiaron y ordenaron la despensa, otras cuatro se dedicaron al jardín, lavando las conejeras y retirando las hojas. Por la tarde hubo sesión de costura: era necesario confeccionar numerosos ornamentos sagrados para los oratorios de distintos centros de la Obra –residencias universitarias– que se estaban abriendo en España. Aquel día prepararon la tela para la confección de tres casullas y una bata blanca para el trabajo en la cocina; otras se dedicaron a hacer formas para la comunión con una máquina un tanto primitiva que tenían para ello y que en muchas ocasiones no se podía utilizar por los cortes de electricidad. Realizaban las formas de todos los centros de Madrid. Alguna que debía tener ciertas dotes de artista, escribió las preces del Opus Dei15 con una caligrafía elegante en papel pergamino de imitación16. Este era el tipo de domingo que se repitió durante estos meses de 1945 en Los Rosales. Llama la atención la conejera. Coser, cocinar, etc., eran trabajos que por entonces la sociedad admitía como propios de la mujer. No tanto criar conejos, teniendo en cuenta que todas eran chicas de ciudad y procedían de familias de clase media. En el campo, este tipo de ocupación sí constituía una tarea femenina.

Del 9 al 15 de julio de 1945 le tocó a José Luis Múzquiz el turno de impartir la formación a las chicas de la Obra. En esos días, las meditaciones fueron sobre el Espíritu Santo y su labor en las almas, las disposiciones para poder recibirle y la docilidad a sus inspiraciones; también sobre el agradecimiento a Dios y la correspondencia a la vocación y, por último, sobre la necesidad de la gracia para poder santificarse. Las clases intercalaban un tema doctrinal- religioso con otro sobre el espíritu del Opus Dei. Entre los primeros, se dio una visión rápida acerca de la religión, partiendo del ateísmo, agnosticismo y politeísmo, hasta llegar primero a la religión cristiana y después a la Iglesia Católica. Siguieron las clases sobre la Revelación divina y su posibilidad, la culminación de la Revelación en Jesucristo (que predica no un reino político ni escatológico, sino religioso), sus milagros y profecías. Las sesiones sobre el espíritu del Opus Dei se centraron en costumbres de la Obra como la cruz de palo y el rezo del Acordaos17. También se trató el tema de la Obra de San Rafael18. En el diario de Los Rosales los comentarios más sustanciosos suelen relacionarse justamente con las cuestiones en torno al espíritu del Opus Dei.

Así, el 9 de julio podemos leer: Hoy vino D. José Luis. Las clases han sido, la de Ascética y Mística sobre la existencia de Dios; probar como solo Dios puede ser uno, como ha hablado a los hombres por medio de la revelación y sobre todo por la venida de su Hijo al mundo y como la religión católica es la única verdadera. La de espíritu y costumbres de la Obra ha sido explicándonos el por qué de la cruz de palo que está en todas nuestras casas. Nos gusta tanto oír cosas de la Obra que estas clases se nos hacen cortísimas.

Y el 14 de julio: En la oración nos hizo ver Don José Luis como al escogernos el Señor para ser las primeras quiere que seamos cimiento. En los cimientos se pone lo peor pero ellos deben de sostener el peso de toda la Obra. Vendrán después otras que valdrán mucho más pero nosotras debemos ser la fortaleza que las sostenga19.

El 15 de julio era domingo y como de costumbre nos encontramos a las alumnas de Los Rosales realizando todo tipo de oficios: desde coser ornamentos para el oratorio, de tamaño grande como casullas o albas, hasta lienzos pequeños como purificadores, manutergios o amitos. Hubo igual- mente “recolección’’ en el jardín: la noche anterior un viento huracanado sembró todo de ciruelas. Con ellas realizaron inmediatamente conservas de mermelada. También limpiaron el invernadero20. Cada vez es más evidente que en Los Rosales había granja, huerta y árboles frutales. Y un taller de ornamentos. De todo ello se encargaban las alumnas del curso de formación. Los productos agrícolas y los conejos es muy probable que alimentaran a los centros del Opus Dei de Madrid. Con el tiempo la granja desapareció. El taller de ornamentos persiste hasta el presente, convertido en una empresa del sector de la artesanía donde solo trabajan profesionales de estos oficios, extremadamente delicados. Los encargos que reciben no solo atienden las necesidades del Opus Dei, sino que proceden del mundo entero.

Entre el 16 y el 22 de julio le tocó el turno de profesor a José María Hernández Garnica. En las conferencias doctrinal-religiosas se refirió a la rapidísima propagación del cristianismo durante los tres primeros siglos y al testimonio de los mártires, para mostrar la divinidad de la religión revelada por Jesucristo; habló también del conocimiento de Dios como medio de alcanzar la perfección; del significado del Reino de Dios; de que Jesús estableció su Iglesia para todo el mundo; y de las características de esta Iglesia, instituida jerárquicamente sobre Pedro y sus sucesores, los romanos pontífices. Respecto a los temas relacionados con el espíritu del Opus Dei, se detuvo particularmente en el modo de llevar adelante la Obra de San Rafael: una tarea que era de amistad y de ejemplo, que requería la práctica de virtudes, como la comprensión y la perseverancia; e insistiendo igualmente en que era algo familiar, que las chicas debían sentirse como en su propia casa en los centros de la Obra, siendo lo fundamental hacer de ellas almas de oración, es decir, personas con criterio propio. Otras costumbres de la Obra que explicó tenían que ver con devociones marianas, como la romería cada año a una ermita o santuario de la Virgen, llevar el escapulario del Carmen, tener una imagen en cada habitación y saludarla…21. La anotación del diario del día 19 hace un buen resumen del ambiente en el que se recibía toda esta formación y las reflexiones que iba despertando en el interior de las asistentes:

La oración de hoy a todas nos impresionó mucho, era de la presentación de Jesús en el templo y nos recordaba cómo el Señor pasa inadvertido como un hombre más y cómo nuestra Madre va a purificarse como si estuviese inmunda. Nos decían que si correspondemos al Señor nos llenará de alegría como a María y a José. El Señor va teniendo más confianza con nosotras y nos va enviando almas para que se entreguen a trabajar por Él en la Obra. Claro que a nuestra alegría no le puede faltar la cruz diaria.

La primera charla fue hablando de la labor de San Rafael, diciéndonos cómo debemos tratar a la gente que venga por nuestras casas: apostolado del ejemplo, dándoles confianza para que estén en nuestras casas como en la suya, empleando el apostolado de no dar (que sean ellas las que nos den) teniendo mucha paciencia. De las clases de San Rafael (que si nos porta- mos a la altura de las circunstancias pronto empezaremos a dar), han de salir las que vengan a ellas con vida interior sólida y con amor a la Obra y han de ser también un semillero de vocaciones. Nos habló D. José María en la segunda charla del amor a la Virgen y de las costumbres que tenemos en la Obra para fomentarla: su imagen en todas las habitaciones (esta costumbre nació con la Obra), jaculatorias después de los actos: Santa María Esperanza nuestra, esclava del Señor… peregrinación mariana en el mes de mayo22.

Los últimos días del mes de julio iba a ser Del Portillo, de nuevo, quien se encargara de la formación de las mujeres del Opus Dei. El primer día, el 23, llegó acompañado del fundador, quien habló con las tres nuevas que acababan de incorporarse, con el consejo local23 y después un rato con todas. La redactora del diario anota: «Estamos muy contentas, ha venido el Padre con D. Álvaro y ha estado en casa toda la mañana. […] Nos ha encargado que hagamos muchas fichas del servicio y de todo. Dijo que si nosotras somos fieles pronto seremos ciento cincuenta. […] A todas parece que nos han puesto una inyección»24. Álvaro del Portillo les habló los días siguientes sobre amor y servicio a la Iglesia; notas de la Iglesia fundada por Jesucristo; virtud de la humildad; medios internos para aspirar a la perfección y, ahí, de la conformidad con la voluntad de beneplácito de Dios, «aplicándolo especialmente al “sarampión” que se suele pasar en los primeros días después de separarse de la familia»25. En dos ocasiones, el 24 y el 27 de julio, les llevó una cámara de fotos para que sacaran los carretes completos y ellas disfrutaron bastante, aunque luego no salió ninguna foto. A partir del 28 de julio Álvaro del Portillo cayó enfermo y fue sustituido por José Luis Múzquiz. El tema más tratado esos días fue una costumbre de la Obra, la corrección fraterna, que se encontraba entre las preguntas del catecismo26. También recibieron dos clases sobre Historia de la Iglesia.

 

El mes de agosto

 

Durante el segundo mes del curso de formación el ritmo parece acelerarse. Hay prisa para terminar muchas tareas de costura y un especial esfuerzo para aprender bien el catecismo de la Obra. Hasta el momento les gustaba escuchar las explicaciones y disfrutaban con ellas, pero el hecho de estudiarlo no estaba siendo un éxito excesivo. Hay que tener en cuenta que las tardes las pasaban cosiendo, en clase de canto, haciendo extraordinarios de limpieza, en la granja o en tareas de cocina y repostería. Parece que no había mucho tiempo libre, según las fuentes que manejamos, pero lo razonable es que existieran momentos de descanso y diversión. En cualquier caso, lo que nos consta es que, por ejemplo, durante la costura, solían repasar el catecismo. Tanto el diario como el cuaderno que llevaban los sacerdotes recogen numerosas referencias en este sentido. El 31 de julio escribe José Luis Múzquiz: «Catecismo. Repaso de las preguntas anteriores. Como no se las sabían muy bien no les expliqué ninguna nueva, y les marqué para el día siguiente las 19 primeras»27. Y la redactora del diario expone sus impresiones de ese día y los siguientes: «Nos dijo D. José Luis que el catecismo estaba muy flojo y nos pasó lección. Hemos pasado toda la tarde estudiándolo pero se nos ha cerrado la inteligencia y nos entra bastante mal». El 1 de agosto, «supimos mejor el catecismo aunque todavía hay que mejorar horrores». El día 2, «lo que nos cuesta estos días meternos en la cabeza el catecismo; estudiamos más que nunca pero tenemos unos fracasos enormes, hay veces que no nos acordamos de nada». Y el 3: «Seguimos estudiando intensamente el catecismo y sabiéndolo mal». El 7 su profesor es Hernández Garnica y «ha estado muy comprensivo con nosotras y solo nos ha mandado el repaso de 10 preguntas, así que las aprendimos muy bien y volvemos a estar optimistas». Y añade: «El nuevo plan de estudios de preguntas nos va muy bien».

Durante esos siete primeros días de agosto las conferencias fueron impartidas por José Luis Múzquiz y José María Hernández Garnica. El primero se centró en explicarles la naturaleza de la Iglesia: sus cuatro notas, la constitución jerárquica, la figura del romano pontífice… El segundo habló de cuestiones ascéticas, como la necesidad de la mortificación y del apostolado. Respecto a aspectos del espíritu de la Obra se trató sobre la vida en familia y sobre el sentido de la pobreza que viven las personas del Opus Dei28.

El día 4 de agosto tuvieron retiro mensual, por la tarde, que fue predicado por Josemaría Escrivá29.

Desde el 8 al 15 de agosto siguieron turnándose Múzquiz y Hernández Garnica. Se dieron varias clases sobre Historia de la Iglesia en la Edad Moderna, y otros temas de ascética y mística como el Espíritu Santo y sus dones, y la vida de la gracia. Respecto a las costumbres de la Obra conocieron las devociones a San José y a los ángeles custodios y la forma propia de vivirlas en el Opus Dei. También siguieron las explicaciones sobre la fraternidad y el sentido de familia entre los miembros de la Obra, que debía estar lleno de caridad y comprensión, pero no de sentimentalismo. El día 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Virgen, celebraron la fiesta del mejor modo que pudieron. Desayunaron y comieron en el jardín, en un cenador que allí había; recogieron higos y avellanas, que fueron muy bien recibidos y degustados. Sabina Alandes les enseñó a bailar la jota valenciana30.

A partir del 18 de agosto, las alumnas del centro de estudios comenzaron a prepararse y a impartir las clases de San Rafael. Anteriormente, los sacerdotes ya les habían dado alguna, de manera práctica, para que fueran aprendiendo. En la segunda quincena de agosto era urgente que estuvieran listas para transmitir estas sesiones de formación ellas mismas. Según recordaba María Teresa Echevarría se escuchaban unas a otras y también estaba presente uno de los sacerdotes. Debutó Carmen Gutiérrez Ríos hablando sobre la Presencia de Dios y le oyó D. José Luis Múzquiz. Al final las oyentes opinaron que lo había hecho muy bien, pero D. José Luis aclaró que había sido apropiado para numerarias, pero no para las chicas de San Rafael. A Victoria López-Amo le correspondió hablar de Trabajo y estuvo presen- te D. Álvaro; le dijo que había usado expresiones vulgares del lenguaje que no se correspondían con la finalidad de la formación. El tema de Guadalupe fue Apostolado. Cuando terminó, D. José María le dijo que no fuera “adjetivera”31.

El 21 de agosto recibieron la visita del fundador del Opus Dei, acompañado por Álvaro del Portillo. Llegaron a la hora de la merienda y les llevaron unos helados. Aunque estuvieron poco tiempo, la redactora del diario describió así las consecuencias: Ha dicho el Padre [J. Escrivá] que vendrá él los ocho últimos días y nos hablará. Comentábamos después la suerte que nosotras tenemos de haber venido en estos primeros tiempos, tratar al Padre y aprender de él mismo y de los primeros sacerdotes, nuestras normas y costumbres. No sé explicar la alegría que hoy hemos tenido.

Efectivamente, a partir del 1 de septiembre el fundador de la Obra acudió diariamente a Los Rosales para dar él personalmente la formación a las mujeres del Opus Dei. La redactora del diario expresa su entusiasmo por la jornada vivida asegurando que «como siempre que viene el Padre no sé explicar lo que pasa ni lo que se siente, solo que todas (se ve) queremos a la Obra con locura y tenemos un deseo muy grande, muy grande de hacernos santas por ella». El día 3 de septiembre el fundador les habló «de la labor en la administración de las casas. Es sencillamente estupendo». Continuó con el tema el día siguiente y de nuevo la redactora del diario expresaba su incapacidad de escribir todo lo que habían escuchado: «Yo siento un horror no saber decir todo lo que siento y sentimos todas. Estamos tan enormemente contentas que no podemos expresarlo». Escrivá les comunicó también adonde irían a vivir cada una después de su estancia en Los Rosales; algunas lo harían fuera de Madrid, para atender las administraciones de las residencias de varones que se estaban abriendo por toda España. Las disposiciones eran excelentes pues, según aseguraba la redactora «Todas estamos contentísimas».

Quizá fue durante aquellos días cuando el fundador les habló de algunas cuestiones que recordaba bien María Teresa Echevarría, cuyo testimonio fue recogido por Mercedes Morado:

Tema frecuente era la expansión de la labor: por España, Estados Unidos, México, Inglaterra. Y siempre les decía: «Si sois fieles iremos a…».

Un día D. Álvaro [del Portillo] les dijo que el Padre [J. Escrivá] le había encargado que les explicara una costumbre de la Obra que ellas todavía no habían empezado a vivir: el día de guardia. Y comenzó: del mismo modo que en un palacio, en un ministerio o en un cuartel hay centinelas en las puertas que tienen la misión de velar para que no entre nadie en el edificio que pueda hacer daño, y lo defienden con su vida, así en nuestras casas una o dos personas cada día son responsables de custodiarlas: para hacerlo ese día debían esmerarse en el cumplimiento de las Normas, en la fraternidad, etc.

Después, Encarnita [Encarnación Ortega] les dijo, también por indicación del Padre, que ya empezaran a vivir esa Costumbre. Era miércoles; las pri- meras fueron Victoria López-Amo y Carmen [Gutiérrez Ríos].

Otro día el Padre en una clase les explicó la misión de cada persona del Consejo local. La Directora dirigía la casa ayudada por la Subdirectora y la Secretaria. La Subdirectora debía ser como el alma de la casa y la que haría las advertencias cuando fuera oportuno, para evitar que se gastara la Directora. La Secretaria era el Cuerpo, cuidaba de lo material de la casa32.

Aparte de las tareas de administración doméstica de las casas del Opus Dei, el fundador de la Obra les habló de otras tareas y apostolados que lleva- rían a cabo. Uno de ellos ya estaba en marcha, la Editorial Minerva, nacida en 1943. El 5 de septiembre, leemos en el diario: «Vino el Padre y nos explicó un poco (dice que para cada uno de estos temas se podría hablar un cursillo entero) de nuestra labor en la editorial».

También Sabina Alandes recordaba muchos años después las clases y los ratos de charla que tuvieron con el fundador del Opus Dei: Si una idea nos repitió el Padre durante ese primer Centro de Estudios con tozudez aragonesa y “santo” empeño, fue la universalidad del Opus Dei. Siempre que necesitaba un verbi gratia echaba mano de cualquier ciudad del mundo, la Obra no era una “capillita” española. En 1945 para unas jovencitas con una alforja cultural de muchos pocos y la mayoría especializa- das en nada, el extranjero era otro mundo. Por ello la insistencia de nuestro Padre desde el principio fue constante hasta en los más pequeños detalles. Recuerdo una anécdota que hoy puede parecer una nimiedad, pero no lo fue tal dado que aún la recuerdo. Terminado el Centro de Estudios se marcharon a Bilbao Nisa [Narcisa González Guzmán] como directora, Carmen G.[utiérrez] Ríos como subdirectora, Guadalupe [Ortiz de Landázuri] como secretaria y Digna [Margarit]. Como el Padre nos inculcó tanto que nos quisiéramos, que estuviéramos muy unidas, en una palabra: fraternidad, decidimos escribirles porque las “pobres” habían perdido la cercanía de nuestro Padre. Encabezamos: «Queridas bilbaínas (dos puntos)». Cuando se enteró el Padre nos dijo que de “bilbaínas” nada, somos universales.

La última clase que nos dio el Padre en ese primer curso de Los Rosales fue de apostolado. El ser mujeres no nos eximía de ser profesionales de bandera, sus hijas no tenían nada que envidiar a sus hijos: médicos, abogados, periodistas… nos habló incluso de ser directoras de revistas, pero, hizo la salve- dad, –«y si has de irte al fregadero de Chicago, te dejas la revista» [sic]–. Nos habló de tantas cosas que parecían imposibles y hoy las he visto hechas realidad. Nos habló hasta de hacer bibliotecas para niños. Estábamos en 194533.

El mismo día que terminaba el curso, 6 de septiembre, Encarnación Ortega y Narcisa González Guzmán realizaron la incorporación definitiva al Opus Dei. Fue un broche de oro muy especial. La alegría de todas quedó bien patente en el diario:

¡Qué día hoy tan grande! Ha sido un buen remate del cursillo. […] ¡Qué estupendo! ¡Qué santa envidia tenemos las demás! […]. No hay palabras para describir la alegría que todas teníamos, y que aumentaba al ver que el Padre estaba muy contento. Al acabar las ceremonias nos dijo el Padre que teníamos que pedir mucho y portarnos muy bien para que el Señor nos mande pronto muchas vocaciones y hacer enseguida otro cursillo34.

 

Algunas valoraciones sobre el primer curso de formación

 

A las primeras mujeres del Opus Dei se les impartió una formación doctrinal-religiosa muy cuidada, que abarcaba nociones de Ascética y Mística, Historia de la Iglesia y doctrina sobre los sacramentos. A la vez, se dedicó mucho tiempo a transmitirles con profundidad y detalle el espíritu propio del Opus Dei, que apenas conocían. Esta formación era impartida de manera teórico-práctica, ya que muchas de las cuestiones que iban aprendiendo (confidencia, corrección fraterna, cómo dar las clases de San Rafael) se procuraban poner en práctica lo antes posible.

El esmero en la formación se manifiesta igualmente en quienes fueron sus profesores: el propio Josemaría Escrivá y los tres primeros sacerdotes de la Obra.

A las alumnas les entusiasmaba todo lo que iban conociendo del Opus Dei. Así queda reflejado de forma manifiesta en el diario de Los Rosales. Las demás conferencias o clases también les gustaban, pero realmente lo que valoraban era la diferencia que percibían en el espíritu de la Obra, descubierto como vocación personal, respecto a la forma en la que habían vivido habitualmente la religión. Se trataba de chicas con una evidente base de vida de piedad, capacidad de trabajar mucho y sin quejarse (fortaleza) y de una austeridad de vida quizá exagerada.

Esto pudo deberse a varios motivos. El primero a que no convivían con el fundador de la Obra, y este no podía verlas en sus trabajos diarios. Quizá les habría recomendado gozar de más tiempo libre. Puede que el rigor estuviera también marcado por la gran cantidad de trabajo que debían sacar adelante, en una posguerra llena de penalidades, donde existía la cartilla de racionamiento, los cortes de luz eran constantes y los bienes de consumo escasísimos. La existencia de los trabajos de granja y huerta corresponden a tiempos de hambre, donde solo podían conseguirse alimentos de esta manera o pagando enormes precios en el mercado. Como indica Barciela López: La evolución de la economía española en los años cuarenta fue catastrófica. No hay posible comparación entre la crisis posbélica en los países euro- peos y la que sufrió España. En nuestro país, la crisis fue más larga y más profunda. El hundimiento de la producción y la escasez se tradujeron en una caída dramática del nivel del consumo de los españoles. Los productos de primera necesidad quedaron sometidos a un riguroso racionamiento y pronto surgió un amplio mercado negro; las cartillas de racionamiento para productos básicos no desaparecerían hasta 1952. El subconsumo, el hambre, la escasez de carbón, el frío en los hogares, los cortes de luz, la carencia de agua corriente y las enfermedades fueron los rasgos que dominaron la vida cotidiana35.

Se estaban abriendo por toda España residencias –después colegios mayores– dirigidos por miembros del Opus Dei, y la necesidad de atender la administración doméstica de estas instituciones era urgente. En estos lugares, los residentes debían sentirse como en su propia casa, una casa de familia normal de la época, en nada similar a otro grupo de instituciones que podían existir, como un cuartel, un campamento para la juventud, una pensión. Para lograr su objetivo se hacía imprescindible contar con los víveres necesarios, teniendo en cuenta además el habitual buen apetito de los universitarios. Por este motivo, las granjas, huertos e invernaderos fueron necesarios durante unos años, hasta bien entrada la década de los cincuenta. Pero aquello no era una tarea específica de las mujeres del Opus Dei. Sí lo fue –y lo es– la atención de la administración doméstica de los centros del Opus Dei. Muchas mujeres de la Obra se dedicaron a estas cuestiones al principio, como otros varones del Opus Dei se dedicaron a tareas para las que no habían estudiado o, siendo brillantes, se ordenaron sacerdotes y –desde un punto de vista meramente humano– su potencial profesional quedó trun- cado. Fue el caso de los tres primeros sacerdotes y del propio fundador, que en los años veinte y treinta pensó dedicarse a la cátedra universitaria, idea que abandonó porque no era compatible con su dedicación al Opus Dei, que debía ser completa.

Por otra parte, las mujeres fueron preparadas para ser autónomas en las actividades que iban a afrontar. Por supuesto en su propia formación, pero también en la de las chicas que acudieran a sus centros. Por eso desde el principio aprendieron a impartir bien los medios de formación cristiana, se prepararon para recibir las confidencias espirituales de las demás mujeres del Opus Dei, o de las que quisieran compartir con ellas sus amigas. Así tenemos que los círculos y las clases fueron tarea de los sacerdotes en los comienzos, pero enseguida esto cambió. Ya en el segundo curso de formación algunas mujeres se encargaron de conferencias que en el primero habían corrido a cargo de los clérigos36.

Además, no solo tenían que atender el ámbito doméstico de los centros del Opus Dei: esa era nada más una de sus tareas. Estaban llamadas –como los hombres– a moverse en todos los ambientes de la sociedad, aunque en ese momento todavía no pudieran hacerlo. No obstante, es importante mencionar que algunas de ellas ya estaban trabajando en una tarea de alcance cultural, como fue la Editorial Minerva37.

Precisamente eso demuestra que no carecían de cualidades intelectuales. La documentación estudiada hace pensar que la mayoría contaba con la formación habitual que por entonces recibían las mujeres. De doce participantes, solo una era universitaria, lo cual supone cerca del 10%, porcentaje cercano que existía entonces en la sociedad española, respecto al total de matriculados en la educación superior. La dificultad para memorizar parece algo más relacionado con el exceso de trabajo. En ningún momento los sacerdotes indican que estén existiendo problemas en el aprendizaje, salvo en los primeros días, cuando Álvaro del Portillo aconseja explicar un tema concreto del espíritu del Opus Dei más adelante, por la propia dificultad del asunto. Pero añade también que ese día no pudo preparar la clase y utilizó el esquema de otra persona.

Se aprecia por último una enorme veneración y afecto hacia el fun- dador del Opus Dei. Y también gran fe en todo lo que les decía, aunque en aquel momento no vieran nada.

 

El segundo curso de formación (1946) y los primeros cursillos para antiguas (1946, 1947 y 1948)

 

Entre el 21 de marzo y el 28 de mayo de 1946 tuvo lugar el segundo curso de formación. No conocemos los nombres de las asistentes, que fue- ron diez, tan solo dos han podido ser identificadas a partir del diario de Los Rosales: Florentina Cano y María Amparo Rodríguez Casado. El plan de clases fue el mismo que en el curso anterior, pero ahora fueron impartidas tan solo por José Luis Múzquiz y José María Hernández Garnica. Álvaro del Portillo pasó la mayor parte de aquel año en Roma, ocupado en cuestiones relativas a la aprobación del Opus Dei. El curso tuvo su antesala con la predicación de un retiro por parte de Josemaría Escrivá. Las clases siguieron el esquema ya descrito para el verano de 1945: dos conferencias por la mañana y el catecismo de la Obra, además de la meditación y la Misa.

Las ocupaciones de las alumnas, aparte de las clases, fueron similares también. Pero ahora se perciben más momentos de esparcimiento en las páginas del diario. Sin embargo, apenas hay notas sobre el contenido de las clases o de las meditaciones. A pesar de todo, el régimen de vida de aquel centro de estudios tuvo algunos rasgos especialmente austeros, que debieron corregirse inmediatamente porque no eran conformes con el espíritu del Opus Dei. Es lo que manifiesta un escrito de Narcisa González Guzmán, que sustituyó a la directora algunos días. Merece la pena transcribir sus impresiones por completo, aunque la cita sea larga: La parte espiritual está muy bien en Los Rosales, pero se ha desatendido la parte física, corriendo así el peligro de hacer vacilar la primera.

La comida muy abundante pero incompleta. De huevos, leche, grasa y carne se toma menos de la mitad de lo que sería necesario. Las chicas están desnutridas (algunas adelgazaron bastante) y en general se encuentran flojas y con algún trastorno de poca importancia y fácil de corregir. Es asombroso el buen espíritu de todas y como se ponen incondicionalmente en manos de Dios. Alguna de más sentido común le decía al Señor en la oración: “Si es que esto tiene que ser así hágase tu voluntad y si no haz que lo vean”. Ya procuramos inculcarlas que no obliguen al Señor a hacer milagros porque nos ha puesto unos medios y tenemos que hacer uso de ellos. La confidencia, esa “sinceridad salvaje”38 que dice el Padre [J. Escrivá]. Es verdad que esta chica iba a la confidencia dispuesta a hablar, pero después no se atrevía. Decía antes que tenían buen espíritu y es verdad, pero falta mucho para que todas recemos como el Padre quiere.

Josefina pensaba que en las casas de formación la comida tendría que ser “austera” para prepararnos a enfrentarnos con todo después. Pienso, y así se lo dije, que en ese plan nos podríamos enfrentar con todo… menos con una residencia que es precisamente lo que tenemos que hacer.

También han pasado frío (aunque nadie se ha quejado). Tenían veinte mantas de cama para diez. Son dos mantas por persona y lo que hace falta son cuatro: una debajo y tres encima.
La directora reaccionó a todas las advertencias de manera envidiable.

En el cuidado de las enfermas, un criterio equivocado. Se cuida mucho la enfermedad, pero no se previene. Catarros insignificantes que se convierten en gripes fuertes por no guardar cama a tiempo teniendo fuerza.

Tal vez un poco de rigidez en el cumplimiento de los distintos oficios (co- cina etc.) sin tener en cuenta cuando se afloja el estado interior, que es casi siempre la causa. Se fijan mucho en cubrir las apariencias. La comida en punto, aunque esté cruda.

Ninguna de estas cosas volverá a suceder porque la directora con el mayor entusiasmo ha empezado a rectificar. Ella come poquísimo y no se daba cuenta de estas cosas39.

Narcisa González Guzmán era una mujer que tenía ya cierta edad cuando pidió la admisión en la Obra y que por tanto contaba con más sentido común que otras, mucho más jóvenes. El relato demuestra que lo humano y lo espiritual se encuentran íntimamente ligados en el Opus Dei y que desde el principio se trató de formar en ambos aspectos a las mujeres. Preocupaban algunas actitudes, como el afán de guardar las apariencias y la falta de sinceridad, ambas cuestiones ajenas al espíritu de la Obra, basado en la naturalidad, la sencillez y la veracidad. Pero preocupaba por igual la falta de alimentación y el frío, ya que esto era en buena medida causa de lo primero. No volverán a encontrarse notas como la anterior, lo cual pone de manifiesto que lo que iba mal se corregía de modo inmediato.

Entre el 9 de julio y el 20 de julio de 1946 tuvo lugar el primer cursillo para vocaciones antiguas. Se siguió el esquema habitual de dos conferencias y catecismo por la mañana, y encargos y oficios por la tarde. Pero todo ello en un ambiente de más tranquilidad, con mucho más tiempo de expansión. El segundo curso anual se desarrolló del 22 de julio al 2 de agosto de 1946. En él impartió alguna clase Guadalupe Ortiz de Landázuri, sustituyendo a los sacerdotes, que en esta ocasión fueron Múzquiz y Hernández Garnica, pero también otros tres de los que se acababan de ordenar: Justo Martí, José López Navarro y Francisco Botella. El cuaderno con el plan de clases y meditaciones que escribían los sacerdotes termina con este segundo cursillo de 1946. No obstante contamos con un papel escrito a máquina (que se encuentra dentro del citado cuaderno), donde aparece el plan de clases de estas actividades. Pensamos que fue el que se siguió en todas ellos durante los años cuarenta.

Del resto de los cursillos para antiguas de estos años (los dos de 1947 y los dos de 1948) no contamos con documentación interesante. Los diarios apenas dan detalles de las clases, meditaciones, etc. Lo único destacado –aun- que muy poco importante para la formación– es que la granja de Los Rosales aumentó su cabaña. Aparte de conejos había cerdos y gallinas. Queda también documentado, ya sin duda, que se vendían todos los productos a los distintos centros de Madrid40.

 

La Semana de Trabajo de 1948 y el centro de estudios de La Estila de 1949.

 

Esta Semana se celebró entre el 26 y el 29 de noviembre de 1948, en Los Rosales. La documentación sobre ella es abundantísima pero de escaso valor para conocer el contenido de la formación espiritual e intelectual que se impartía. Se trata de las muchas fichas de experiencias –probablemente más de mil– realizadas en papeles de tamaño octavilla, que se escribieron durante los años anteriores. Recogen una información variadísima, sobre todos los aspectos de la vida (incluido, por ejemplo, qué tipo de comida se debía dar a los pollitos de las granjas). No contamos con las deliberaciones de los diferentes grupos de estudio, ni con las conclusiones generales de la Semana, que sin duda las hubo. Con total seguridad sólo sabemos quiénes asistieron y el título de las distintas secciones de estudio.

Participaron en esta I Semana de Trabajo las siguientes mujeres del Opus Dei:

Narcisa González Guzmán. IV y V
Encarnación Ortega. III y II
Guadalupe Ortiz de Landázuri. I y II
Manuela Ortiz. III
Carmen Gutiérrez Ríos. II
María Jesús Arellano. IV
Rosario Orbegozo (tachada).
María Teresa Echevarría. V
María Ester [sin apellidos]. Había varias en aquellos momentos con este nombre.
Ester Toranzo. IV
Consolación Pérez. I
Mª Jesús M [sin identificar]. V
Mercedes Morado. I
Mª Antonieta. II [sin apellidos].
Carmen Gª Santamaría. IV

Los números romanos a la derecha de los nombres parecen significar la sección o grupo de trabajo al que iban a pertenecer, pero no coinciden con los temas que se trataron. Tenemos una relación muy completa de todos ellos, escrita de puño y letra por el fundador del Opus Dei:

Temas para la I Semana de Trabajo de la S.F. [Sección femenina]

1/ Sostenimiento económico de las casas propias de la S. F.
2/ Rendimiento personal de cada asociada (debe ganar para comer y vestir y pagar la casa)
3/ Alhajas que pueden llevar
4/ Vestido de las asociadas. Antes de la Oblación y después y arreglo per- sonal
5/ Gastos ordinarios y extraordinarios de las asociadas antes de la Obl. [Oblación] y de Fid. [Fidelidad].
6/ Archivos de casas. Inventarios. Compras de comestibles. Orden de las despensas y de mue- bles. Deterioros
7/ Selección de vocaciones
8/ Trabajo en Residencias femeninas de estudiantes
9/ Trato con las sirvientas de casa (Murmuraciones y críticas negativas)
10/ Gobierno local ([ilegilbe]) Silencio de oficio. Discreción ([ilegible])
11/ Relaciones con los sacerdotes de Casa y con Director de la casa
12/ Modo de dirigir las confidencias –vocaciones recientes –dudas de vocación
13/ Asociadas de la O[bra] sin vida de familia
14/ Testamentos y bienes patrimoniales de las Asociadas
15/ Delicadeza de la O[bra] en lo económico
16/ Formación de sirvientas
17/ Piedad de las sirvientas

Analizando estos puntos observamos al menos dos cuestiones en las que merece detenerse aunque sea de manera breve. La primera hace referencia al modo de vivir la virtud de la pobreza: el sostenimiento económico, la forma de vestir, y el uso o no de alhajas (joyas, diríamos hoy). Los ingresos de estas primeras mujeres del Opus Dei eran más bien magros. Es probable que muy pocas –quizá ninguna en los años cuarenta– trabajara fuera de las administraciones domésticas o de la dirección de la Residencia Zurbarán. No pocas eran todavía estudiantes, pues el número de universitarias fue aumentado progresivamente. La realidad era que se generaban pocos ingresos, por lo que es muy probable que algunas –sobre todo estudiantes– realizaran trabajos extra, o que entre todas hicieran manualidades para venderlas, o que consiguieran donativos de sus familias o amistades. Su arreglo personal era importante porque se trababa de jóvenes corrientes y por ello resultaba imprescindible cuidar el buen gusto en el vestir, aunque contaran con pocos medios económicos. En este sentido, la sociedad del momento entendía que las joyas eran una manifestación de pertenencia a las clases sociales altas, además de constituir un motivo de lucimiento personal de su portadora. Por lo tanto, no tenía mucho sentido que las numerarias las usaran. Algo similar podía aplicarse al estilo que debían tener los centros del Opus Dei: también buen gusto y elegancia, ambiente simpático y agradable, pero no gastos innecesarios.

La segunda cuestión es la de las sirvientas. En los años cuarenta se llamaba así de manera general y no peyorativa, al servicio doméstico, muy presente en la sociedad española, y entre estas mujeres comenzaron a surgir vocaciones para el Opus Dei a partir de 1946. Teniendo en cuenta que procedían de ambientes campesinos, donde la educación había estado muy abandonada, su formación demandaba muchas exigencias, puesto que en algunos casos no era raro que hubiera que enseñarles primero a leer y escribir. No es extraño, por tanto, que la Semana de Trabajo estudiara este tema. Carmen Isern Galcerán en un libro escrito en 1948, refiriéndose a las mujeres que trabajaban en el servicio doméstico, expone lo siguiente:

La mayoría proviene de pequeñas aldeas agrícolas, deseosas de vivir en la ciudad y de evadirse de los trabajos penosos del campo.
A veces se desplazan para seguir a su novio que hace el servicio militar. Siempre van desorientadas, creyéndose encontrar aventuras y placeres que les proporcionarán lujo y bienestar.
Esto les produce una psicosis especial […].
Es quizá la clase de mujeres menos preparadas para su trabajo. Salen de un ambiente social muy bajo, y ni conocen los procedimientos de limpieza, ni menos los del guisado y planchado.
Tan mal preparadas están, que parece raro que encuentren una colocación. Hay exceso de demanda y poca oferta. Esto les asegura el trabajo, cualquiera que sean las condiciones suyas, y a un precio superior que diez años atrás.
Lo que más las dignificaría sería una buena preparación, y de eso nadie se ocupa hoy en día41.

Las primeras mujeres del Opus Dei tuvieron problemas con el servi- cio doméstico en numerosas ocasiones, pero siempre trataron de formarlas humana y profesionalmente para el trabajo y para la vida, tanto si llegaban a pertenecer al Opus Dei como si no.

Existe otra relación de temas que parece referirse específicamente al régi- men de vida de las casas de mujeres del Opus Dei. Se repiten algunas cuestiones ya tratadas. La letra de estos documentos es también del fundador de la Obra:

Economía de las casas propias de la S F [Sección femenina]
Rendimiento de cada persona
Alhajas que llevan
Vestidos
Lavado de ropa
Pobreza con señorío de las cosas
Orden de despensas Orden de ropas de la casa Muebles
Inventarios42.

El resto del material de la Semana de Trabajo son las octavillas a las que ya nos hemos referido. Hemos elegido algunas de ellas. Por ejemplo, un grupo dedicado a la formación cristiana de las chicas que frecuentaban los centros del Opus Dei, concretamente las referidas a los retiros mensuales. Cada frase es una octavilla:

El primer contacto de las chicas con nosotras, ordinariamente no se hará a través de un retiro.

Hay que procurar tener la casa arreglada (cuarto de estar y salones) y libros dispuestos en distintos sitios para que puedan estar en los ratos de pausa
Se debe procurar que en los descansos del retiro no hablen ni estudien
En los días de retiro tenemos que decirles, a las que asisten, en las habita- ciones que no deben entrar (dormitorios, etc…)
Si hay bendición, tenerlo todo preparado para que sea inmediatamente después de terminar la última plática
Conviene tener una lista de las chicas que solamente vienen a Retiros
Hay que fomentar entre las chicas que sean puntuales por respeto al sacer- dote que da el retiro
Conviene avisar a las residentes con suficiente anticipación para el retiro a fin de no estropearles sus planes y exponerlas a que no asistan.
Mientras duren las actuales circunstancias. A las chicas que van a venir al Retiro hay que advertirles que vengan con la Misa oída. Les podemos decir que, si vienen a nuestra Misa, han de traer el desayuno de su casa.
Tenemos que conseguir que las residentes traigan amigas suyas al retiro (chicas que hayan venido ya por casa y nos conozcan de antes).
Inmediatamente de las pláticas el sacerdote entra en el confesionario.
Se les puede indicar a alguna que nos parezca oportuno que si quiere puede confesarse con el sacerdote que da el retiro.
No conviene que las amigas nuestras mayores, que van por casa, hagan los retiros. Desentonan un poco y se presta a comentarios. Cuando sean muchas se hará un retiro especial para ellas.
A las chicas que vienen de fuera hay que indicarles las habitaciones en donde pueden estar en los ratos de descanso.
En los retiros conviene decirle al sacerdote alguna cosa en la que queremos que insista en las meditaciones
Tenemos que evitar que las chicas que asisten a los retiros comparen unos sacerdotes con otros etc…
El retiro es obligatorio para las residentes: pero hay que lograr que va- yan por propio convencimiento, porque la imposición las haría entrar con muy malas disposiciones.
El Retiro tiene que ser una vez al mes. No hay que dejarlo por ninguna causa43.

Se refieren estas fichas a un modo concreto de organizar los retiros mensuales. El retiro mensual es un medio de formación que siempre estará presente en el Opus Dei. La manera de organizarlo cambiará con el tiempo. En aquellos momentos, y con la experiencia que ya se tenía de la primera residencia de universitarias dirigida por mujeres del Opus Dei (Zurbarán), a la que acudían igualmente chicas que no vivían allí pero que se querían formar cristianamente, estas fueron el tipo de sugerencias que parecieron convenientes. No es improbable que varias de estas ideas pasaran a las conclusiones de la Semana de Trabajo y que imperaran durante años en la manera de organizar los retiros mensuales para chicas que no pertenecían a la Obra. Pero con el paso del tiempo y los cambios culturales, la experiencia de otros países, el aumento de las actividades apostólicas y las distintas edades de las personas que acudían a este medio de formación, los modos de hacer fueron cambiando paulatinamente. En la actualidad los retiros mensuales tampoco se dejan de organizar por ninguna causa pero revisten formatos muy distintos, adecuados a las situaciones concretas de las personas que desean asistir.

Contamos también con otros materiales escritos en octavillas por el propio fundador del Opus Dei. En este caso se pueden destacar los que hacen referencia a la administración doméstica de los centros. En algunas ocasiones manifiestan faltas de sentido común por parte de las mujeres, que probablemente el fundador había observado de forma personal. En otras se trata de sugerencias para facilitar el trabajo. Puesto que todas ellas son observaciones hechas por Escrivá, pensamos que resulta relevante reproducir al menos algunas. Son las siguientes:

Es absurdo poner unos fideos de 20 cm de longitud. No se pueden sacar de la sopera. Para evitar este inconveniente se cortan en trozos pequeños.
Un medio eficaz para que la directora sepa cómo se hacen los trabajos y pueda corregir los defectos que en ellos vea es distribuirse semanalmente las distintas ocupaciones de la casa de tal modo que cada día de la semana (aparte de la dirección general de la casa) compruebe personalmente algunos de los oficios.
Por ejemplo: lunes, oratorio; martes, limpieza; miércoles, ropa; jueves, co- cina, etc. etc.
El procedimiento más cómodo de preparar la carne es asada, pero no es el más agradable. Incluso a veces queda la carne insípida. Por eso no conviene utilizarlo excesivamente.
Se puede corregir la insipidez y la frialdad rehogándola con una salsa adecuada.
No se puede presentar un plato sistemáticamente de la misma manera. Hay que procurar dar variedad.
La sopa no consiste en meter los restos del día anterior. Hay que aprovechar lo sobrante pero con decoro y con gracia ¡que no resulte repulsiva la sopa!
Las croquetas, la carne picada al horno, las albóndigas, etc., deben hacerse con cuidado, seleccionando antes la carne o el pescado. Por lo menos eliminar los trozos más gruesos. Es ingenuo suponer que picando un tendón desaparece por completo; después aparecen trozos de menor tamaño pero siguen siendo duros como la correa44.

Podríamos seguir reproduciendo las más de mil fichas que existen en el archivo de la Semana de Trabajo, pero evidentemente no tendría mucho sentido. Estas breves pinceladas sirven para mostrar que los temas que se trataron fueron muchos, tanto de formación espiritual como de formación humana; de cuestiones referidas a la naturaleza propia del Opus Dei, y de otras pasajeras, debidas a la coyuntura del momento.

Sin embargo, tanto por los temas de estudio como por el estilo de no pocas de las fichas reproducidas, podemos llegar a preguntarnos qué tipo de mujeres eran aquellas primeras del Opus Dei. En primer lugar, el modo de trabajar –con octavillas– nos parece hoy poco práctico. Sin embargo, es la manera más sencilla de que algo no se olvide y quede inmediatamente recogido. Las metodologías de trabajo están sujetas al paso del tiempo. La forma que tuvieron estas mujeres de aprovechar las experiencias que estaban viviendo fue escribirlas rápidamente para no olvidarlas. Además, estas fichas tenían un fin muy claro que era lograr hacer muy bien su trabajo. Hoy diríamos que se querían corregir, perfeccionar o agilizar los procesos seguidos en las distintas actividades: en suma, introducir un cierto control de calidad (ya fuera en el modo de organizar los retiros mensuales o en la manera de presentar la comida).

Puede sorprender por otra parte la falta de sentido común para tareas que –se supone– una chica de los años cuarenta debería estar muy preparada, como dirigir una casa. Pero si acudimos de nuevo al libro de Carmen Isern podemos leer párrafos tan asombrosos como el siguiente:

La instrucción escolar ha pecado de exceso de memorismo y de falta de práctica en el sentido de realidad. Adquieren desde la infancia, con precipitación febril, infinidad de conocimientos superficiales; pero no la verdadera preparación de la mujer para la vida. Pocas son las que saben calcular el tiempo para sus quehaceres, hacer un balance, escribir una carta comer- cial, saber a qué atenerse en una cuestión jurídica, dibujar lo que se desea que hagan los albañiles en nuestra casa…

Por eso en el hogar, muchas veces, la mujer no sabe realizar su misión […] y queda en un plano de inferioridad. […]

A la mujer […] le precisan infinidad de conocimientos elementales acerca de tantas cosas de la vida común. Y cuanto más absorbentes sean esos deberes materiales, más le precisa crear, por una educación adecuada, el equilibrio deseable45.

Parece, por tanto, que la educación que recibían las mujeres en los años cuarenta, ni siquiera las capacitaba demasiado para aquello que, al parecer, les estaba reservado, que era el hogar. En este sentido, algunos autores han hecho especial hincapié en la enseñanza por roles sexistas que caracterizó la educación franquista. De esta manera, las niñas recibían una formación práctica, dirigida a convertirse en buenas esposas, madres y amas de casa, «en la que el razonamiento abstracto y la reflexión crítica sean sustituidos por la rutina y los hábitos reiterativos»46. Pero lo que muestra la documentación sobre estas primeras mujeres del Opus Dei es que el franquismo, al menos en los años cuarenta, no estaba logrando demasiado éxito en la formación de mujeres para el hogar. Lo cual resulta muy desanimante, pues nos hace sospechar que las jóvenes españolas de clase media y alta –en líneas generales– se hallaban educativamente en barbecho. Es lo que de manera aguda observa Isern al referirse al tipo de actividades que estas mujeres solían llevar a cabo:

Si se trata de mujeres de buena posición económica suelen desperdigar su tiempo en infinidad de pretendidas obligaciones o en la ejecución de objetos innecesarios, que no hacen más que recargar el trabajo de los criados y dificultar la limpieza, además de la falta de sentido estético. Además compras inútiles, exceso de visitas y de correspondencia; he aquí sus ocupaciones, de bien poco valor47.

Así pues, a modo de tentativa, podría apuntarse que las primeras mujeres del Opus Dei fueron probablemente un reflejo de la sociedad del momento, como decía Sabina Alandes, unas «jovencitas con una alforja cultural de muchos pocos y la mayoría especializadas en nada».

Después de la I Semana de Trabajo, en el verano de 1949, se celebró el último curso de formación, el tercero, de los años cuarenta. Como ya explicamos tuvo lugar en La Estila y fue muy numeroso. Narcisa González Guzmán y Rosario Orbegozo se encargaban de recibir las confidencias de las asistentes. Los sacerdotes que atendieron el curso fueron Justo Martí, Federico Suárez e Ignacio Orbegozo. Las chicas comenzaron a dar clases de inglés y francés, a cargo de dos numerarias, una de Irlanda y otra de Portugal, que eran las primeras no españolas que acudían a un curso de formación.

Entre las participantes se pueden identificar los siguientes nombres: Margarita Barturen, Ana Rosa, Ester González, Rosario Morán, Isabel Botas, Isabel Belda, María Jesús, Carmen Riesgo, María Sofía Pacheco (portuguesa), Berta Bollero, Tina, Aurora Sánchez-Bella, María Purificación García Gallardo, Emilia Riesgo, Carmen Martínez Beitia, Pilar Salcedo, Isabel Lastre, las tres hermanas Toranzo (Gloria, Lourdes y Ester), Pilar Barandica, María Altozano, Honoria Burke (irlandesa)48.

Algunas clases no las impartieron los sacerdotes sino las mismas alum- nas. Así ocurrió los días 19 y 20 de agosto, como podemos leer en el diario:

La clase de Apologética la explicaron las cuatro chicas designadas para ello, se prepararon a cuál mejor y nos explicaron muy bien los temas señalados. D. José María [Hernández Garnica] les hacía preguntas y les ponía objeciones, para hacernos hincapié sobre determinados puntos, con todo la clase se prolongó hasta la una menos cinco.
Como en esta clase se hacen preguntas relacionadas con los temas explica- dos, resulta que además de aprender la lección, nos enteramos de muchas cosas más49.

 

Conclusiones

 

Las mujeres que pidieron la admisión en el Opus Dei durante los años cuarenta parecen un reflejo de la sociedad española del momento. Procedían de familias de clase media y, en general, de entornos urbanos. Había licenciadas universitarias (después de Guadalupe Ortiz de Landázuri, enseguida, vendrían otras más, como Mercedes Morado, las hermanas Toranzo, Manuela Ortiz o Consolación Pérez), en una proporción similar a la que existía por aquellos años en la enseñanza superior entre hombres y mujeres. Un grupo numeroso de ellas pudieron recibir la educación que se reservaba en aquel momento para las chicas, que no parece que fuera especialmente completa ni en conocimientos ni en preparación para la vida práctica. Por ello no resulta aventurado suponer que la mayor parte no tenían demasiados conocimientos sobre las tareas del hogar, que socialmente eran consideradas como la ocupa- ción femenina por excelencia. Algunas llegaron al Opus Dei con más edad y por lo tanto con más madurez, lo cual compensó probablemente otras posibles carencias.

La formación que recibieron se centró en muy buena parte en el cono- cimiento del espíritu del Opus Dei, de manera teórica y práctica. También recibieron una seria formación doctrinal-religiosa, ascética y espiritual de la doctrina de la Iglesia. Las clases fueron impartidas por los primeros sacer- dotes de la Obra y, en el curso de formación de 1945, en muchas ocasiones, por el propio fundador del Opus Dei. En cuanto fue posible, las jóvenes de la Obra fueron sustituyendo a los sacerdotes en algunas de estas sesiones. Y enseguida empezaron a dar ellas mismas los medios de formación propios del espíritu del Opus Dei, como los círculos breves semanales, y a recibir –las que contaban con mayor experiencia– las confidencias de las que iban pidiendo la admisión. Así tenemos, por ejemplo, que en el curso de formación de 1945, estas eran recibidas por los sacerdotes, pasando a ser una práctica en desuso en el curso de formación de 1949.

La actitud de estas primeras mujeres fue de entusiasmo por el cono- cimiento del espíritu de la Obra, que las llenaba plenamente y las empujaba a realizar con total generosidad tareas que jamás habían estado en su pensamiento. Era necesario sacar la Obra adelante incluso materialmente. En plena postguerra y con una carencia total, se lanzaron a organizar granjas para conseguir bienes de consumo de primera necesidad, a aprender a coser prendas que requerían un cuidado artesanal –como los lienzos de oratorio–, o a cortar y coser todo tipo de piezas, desde manteles y ropa blanca hasta cortinas, batas de trabajo, etc. Especial atención merece la cuestión de la cocina, en la que sus conocimientos dejaban que desear. El hecho de que las mujeres dedicaran mucho tiempo a los temas domésticos de los centros de la Obra, puede llevar a pensar en el clásico reparto de roles, masculino y femenino. Así, alguna autora sostiene que, mientras los hombres del Opus Dei trabajaban en la universidad, en la ingeniería, en el despacho de abogacía o en arquitectura, las mujeres estaban confinadas en el ámbito del hogar50. Pero Josemaría Escrivá afirmó muchas veces, ya desde los primeros tiempos, que las mujeres llegarían a todos los trabajos que en ese momento solo ejercían los hombres (entre ellos, los del Opus Dei). Además, entre 1943 y 1946, saca- ron adelante, de hecho, una empresa cultural que fue Minerva, una editorial de mujeres y para mujeres; además, enseguida comenzaron a dirigir una residencia de estudiantes universitarias (1947).

Pero, de momento, los sacrificios para sacar la Obra adelante debieron hacerlos todos, hombres y mujeres.

Hay más, sin embargo, en esta insistencia en lo doméstico. El Opus Dei es una familia y por lo tanto tiene unas características humanas determinadas que definen también su fisonomía espiritual; entre ellas, que sus casas muestran buen gusto, aire alegre, limpieza; que sus miembros se presentan o visten con el estilo propio de una persona normal. El buen gusto en las casas se traduce en el buen gusto en el porte. Y de ahí también la importancia de cuidar la alimentación, como sucede habitualmente en las familias. Todo esto no es cuestión de roles. Es el espíritu de hogar del Opus Dei, que no puede ser realizado sin la colaboración de la mujer, pero sabiendo que colaboración no significa ocupación única. La sociedad y las familias están compuestas por hombres y mujeres y a cada parte corresponde su aportación.

A pesar de que estas primeras mujeres pudieran tener pocos conocimientos y escasa experiencia, sin embargo, la formación humana y espiritual que recibieron en la Obra, y que supieron asimilar, las hizo madurar deprisa. Muchas de ellas empezaron la expansión apostólica del Opus Dei en otros países (Guadalupe Ortiz de Landázuri en México; Narcisa González Guzmán y Margarita Barturen en Estados Unidos; Ester Toranzo primero en Inglaterra y luego en Kenya; Consolación Pérez primero en Colombia y más tarde en Chile; Sabina Alandes en Argentina) y enseguida ocuparon también puestos de gobierno en la Obra (como Encarnación Ortega o Mercedes Morado) ayudando al fundador.

Autora: Mercedes Montero. Profesora Titular en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Doctora en Ciencias de la Información e Historia. Autora de numerosos trabajos históricos (monografías, artículos científicos y obras conjuntas) sobre la influencia de los medios en la configuración de las sociedades contemporáneas.
Fuente: Studia et Documenta. Volumen 14. Año 2020. Roma

Notas:

1 La primera mujer que perseveró en el Opus Dei es Dolores Fisac, que pidió la admisión en 1937, durante la Guerra Civil. Narcisa González Guzmán, Encarnación Ortega Pardo y Enriqueta Botella Raduán, lo hicieron en el mes de abril de 1941. En marzo de 1944 pidió la admisión Guadalupe Ortiz de Landázuri. Hubo más mujeres del Opus Dei durante aquellos años, pero antes o después vieron que no era su camino. La expresión la gran batalla de la formación era utilizada por el fundador de la Obra, que explicaba así la importancia que esta tenía para los miembros del Opus Dei; también hacía referencia a poner los medios necesarios para hacerla realidad.
2 Josemaría Escrivá, Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, Madrid, Rialp,1987 17, n. 27.
3 Una explicación más amplia sobre estos cinco aspectos de la formación puede encontrarse en Ernst Burkhart, Formación, en José Luis Illanes (coord.), Diccionario de San Jose- maría Escrivá de Balaguer, Roma-Burgos, Istituto Storico San Josemaría Escrivá – Monte Carmelo, 2013, pp. 534-539.
4 El curso de formación pasaría a denominarse, más adelante, centro de estudios. Y los cursi- llos de formación, cursos anuales. Se llama centro de estudios a un periodo de formación en el espíritu de la Obra y en la doctrina cristiana, dirigido a las vocaciones recientes de nume- rarios y numerarias. Durante la historia del Opus Dei ha tenido diversas duraciones y se ha configurado de diferentes modos. Ahora mismo es de dos años y se hace compatible con el trabajo de las personas, generalmente estudiantes universitarios en ese momento. Los cursos anuales es la formación que reciben todos los numerarios cada año, con una duración entre veinte y veinticinco días, constituyendo también un periodo de descanso.
5 Archivo General de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei (a partir de ahora, AGP). LA ESTILA-2 ao. Santiago de C. (España). D-2128. Anotación del 18 de junio. Las letras ‘ao’ significan Administración doméstica.
6 Una meditación es un rato de oración dirigida por el sacerdote. El círculo breve es un medio de formación semanal en el que se tratan dos temas, uno relacionado con una normas del plan de vida cristiana que siguen los miembros del Opus Dei; y otro sobre alguna cuestión de doctrina o espiritualidad de la Iglesia: sacramentos, virtudes, tiempos litúrgicos determinados. Su duración es de unos treinta y cinco minutos.
7 AGP. U.1.2. Primer curso de formación en Los Rosales (1945). 50 Aniversario de Los Rosales (1944-1994). Carpeta 58. Legajo 04.
8 AGP. A2; 51-1-5. Cuaderno de clases impartidas por los sacerdotes a las mujeres del Opus Dei. El cuaderno abre con una jaculatoria escrita a mano por el fundador de la Obra, que manifiesta su agradecimiento a Dios por haber logrado por fin una de las necesidades más urgentes que tenía la institución: comenzar el curso de formación de las mujeres. Dice así: Fiat, adimpleatur, laudetur et in aeternum superexaltetur justissima atque amabilísima Voluntas Dei super omnia. Amen. Amen. En aquellos momentos, los sacerdotes del Opus Dei eran cuatro: el fundador, Álvaro del Portillo, José Luis Múzquiz y José María Hernández Garnica. Estos tres últimos habían recibido la ordenación sacerdotal el 25 de junio de 1944. Todos intervinieron en este primer curso de formación.
9 AGP. D-1356. LOS ROSALES-2. Madrid (España). Anotación del 1 de julio de 1945.
10 AGP. D-1356. LOS ROSALES-2. Madrid (España). Anotaciones del 2 y 3 de julio de 1945.
11 AGP. A2; 51-1-5. Cuaderno de clases impartidas por los sacerdotes a las mujeres del Opus Dei. Anotaciones de los días 4 y 5 de julio.
12 AGP. A2; 51-1-5. Cuaderno de clases impartidas por los sacerdotes a las mujeres del Opus Dei. Anotación del 5 de julio. Otro documento importante del Opus Dei es la llamada Instrucción sobre la Obra de San Rafael. Es a esta a la que se refiere Álvaro del Portillo. Hablar de “Rama Femenina” para referirse a las mujeres del Opus Dei fue habitual durante los años cuarenta, cuando la nomenclatura todavía no estaba definida. El subrayado, en el original.
13 Un ejemplo de pregunta de catecismo recogido por el diario de Los Rosales: «Nos ha dado unas preguntas sobre lo que es, sus fines y los medios que tiene para conseguirlos, la asociación Sacerdotal de la Santa Cruz. Los estudiamos por la tarde porque tenemos que aprenderlos de memoria» (AGP. LOS ROSALES-2. Madrid (España). D-1356. Anotación del 2 de julio).
14 AGP. A2; 51-1-5. Cuaderno de clases impartidas por los sacerdotes a las mujeres del Opus Dei. Anotaciones de los días 6 y 7 de julio.
15 Las Preces son un conjunto de oraciones breves que rezan a diario los miembros del Opus Dei. Es un signo de la unidad de la Obra. En ellas se alaba a Dios Uno y Trino, se pide la intercesión de Santa María, San José y los Ángeles, y a continuación se reza por el Papa, los obispos, el prelado del Opus Dei, los benefactores y todos los miembros de la Obra, vivos y difuntos. Termina con invocaciones a los Arcángeles San Miguel, San Gabriel y San Rafael; y a los Apóstoles San Pedro, San Pablo y San Juan.
16 AGP. LOS ROSALES-2. Madrid (España). D-1356. Anotación del 8 de julio.
17 En todos los oratorios de los centros del Opus Dei hay una cruz de madera, sin crucificado, que ante la que se puede decir una jaculatoria, o besarla. Es una costumbre para mostrar veneración por la Cruz de Cristo. El Acordaos es una oración cristiana tradicional, dedicada a la Virgen y atribuida a san Bernardo de Claraval, que cada miembro del Opus Dei reza a diario por la persona de la Obra que más lo necesite.
18 AGP. A2; 51-1-5. Cuaderno de clases impartidas por los sacerdotes a las mujeres del Opus
Dei. Anotaciones de los días 9, 10, 11, 12, 13 y 14 de julio de 1945.
19 AGP. LOS ROSALES-2. Madrid (España). D-1356. Anotaciones de los días 9 y 14 de julio de 1945.
20 AGP. LOS ROSALES-2. Madrid (España). D-1356. Anotaciones del día 15 de julio de 1945.
21 AGP. A2; 51-1-5. Cuaderno de clases impartidas por los sacerdotes a las mujeres del Opus Dei. Anotaciones de los días 16, 17, 18, 19, 20 y 21 de julio de 1945.
22 AGP. LOS ROSALES-3. Madrid (España). D-1357. Anotación del día 19 de julio de 1945.
23 El consejo local de un centro o de una actividad que se está desarrollando son las personas –habitualmente tres– que dirigen ese centro o esa actividad.
24 AGP. LOS ROSALES-3. Madrid (España). D-1357. Anotación del día 23 de julio de 1945. Las fichas eran el modo de recoger las experiencias que iban teniendo sobre las distintas
tareas que realizaban, para luego poder aplicarlas en otros centros. Muchas de estas fichas se referían al trabajo de la Administración. Respecto al número ciento cincuenta, hay que
tener en cuenta que en aquellos momentos debían ser entre quince y veinte.
25 AGP. A2; 51-1-5. Cuaderno de clases impartidas por los sacerdotes a las mujeres del Opus Dei. Anotación del día 23 de julio. El término “sarampión” hace referencia a que alguna se
entristecía de vez en cuando porque echaba de menos a su familia, pues era la primera vez que se separaban de ella.
26 La corrección fraterna es una costumbre de raigambre evangélica por la que los miembros del Opus Dei se corrigen unos a otros, lealmente, a la cara, y a solas, cuando alguno tiene un hábito contrario al espíritu del Opus Dei o que no es coherente con las virtudes que debe vivir un cristiano. Se consulta con el director, no por afán de delación, sino para evitar que a una persona le digan lo mismo, constantemente, todas las demás que conviven con él o ella.
27 AGP. A2; 51-1-5. Cuaderno de clases impartidas por los sacerdotes a las mujeres del Opus Dei. Anotación del día 31 de julio.
28 La pobreza era un tema importante, pues la manera de vivirla en el Opus Dei era distinta a lo que acostumbraban a entender los ambientes católicos del momento: no se trataba de no tener, sino de contar con los medios necesarios, usándolos con sobriedad. Josemaría Escrivá lo resumía en tres puntos: no tener nada superfluo, no usar nada como propio, no quejarse cuando falta lo necesario.
29 AGP. A2; 51-1-5. Cuaderno de clases impartidas por los sacerdotes a las mujeres del Opus Dei. Anotaciones del 1 al 8 de agosto de 1945.
30 AGP. A2; 51-1-5. Cuaderno de clases impartidas por los sacerdotes a las mujeres del Opus Dei. Anotaciones de los días 8 a 15 de agosto de 1945. AGP. LOS ROSALES, 3. Madrid
(España). D-1357. Anotación del día 15 de agosto de 1945.
31 AGP. U.1.2. Primer curso formación en Los Rosales (1945). 50 Aniversario de Los Rosales (1944-1994). Carpeta 58. Legajo 04.
32 AGP. U.1.2. Primer curso formación en Los Rosales (1945). 50 Aniversario de Los Rosales (1944-1994). Carpeta 58. Legajo 04. Con motivo de este aniversario se reunieron en Los Rosales algunas de las que habían participado en los cursos de los años cuarenta. Mercedes Morado, que pidió la admisión en Zurbarán en 1947 y fue directora de la Residencia en 1948, asistió a aquel evento y recogió los recuerdos de varias de las participantes. Por ejemplo, este de María Teresa Echevarría.
33 AGP. Recuerdos de Sabina Alandes. U.2.1. Carpeta 67. Legajo 03.
34 AGP. LOS ROSALES, 3. Madrid (España). D-1357. Anotaciones de los días del 1 al 6 de septiembre de 1945.
35 Carlos Barciela López, Guerra Civil y primer franquismo (1936-1959). Historia económica de España, siglos XIX-XX. Madrid, Crítica, 2003, pp. 354-355.
36 Hemos investigado acerca de la formación religiosa, ascética, doctrinal y espiritual que recibían o impartían otras mujeres católicas en aquellos años. Existe un material importante editado por la Acción Católica, específico para la formación de mujeres, pero de ellos no se deduce ni explícita ni implícitamente que las mujeres de Acción Católica impartieran esa formación. Existen programas y guiones de estudio, cursos de acción católica, pero en ningún caso se aprecia la menor referencia a este aspecto. Todo parece indicar que eran los sacerdotes quienes se encargaban de este tipo de formación (cfr. La joven en el mundo. Temas para seis conferencias, Madrid, 1941; Cursillos de formación. Programas y guiones de estudio, Madrid, 1941; Vicente Enrique y Tarancón, Curso Breve de Acción Católica, 2ª edición, Madrid, 1940). Respecto a la Institución Teresiana fundada por san Pedro Poveda, hemos podido observar que sus miembros recibían una sólida formación pedagógica, puesto que ese era su carisma; pero tampoco hemos encontrado datos que indiquen que las teresianas impartieran, entre ellas o a otras jóvenes, formación religiosa, espiritual, ascética y doctrinal (cfr. Francisca Rosique (ed.), Historia de la Institución Teresiana (1911-1936), Madrid, Sílex ediciones, 2014, 584 pp.; María Encarnación González Rodríguez, Pasión por la santidad. Biografía de María Josefa Segovia, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2006, 706 pp.).
37 Cfr. Mercedes Montero, La editorial Minerva (1943-1946). Un proyecto de cultura popular y cristiana de la primeras mujeres del Opus Dei, SetD 11 (2017), pp. 227-263.
38 La ‘‘sinceridad salvaje’’ de que hablaba Josemaría Escrivá de Balaguer hacía referencia a no dejar de contar cosa alguna en la confidencia por vergüenza, falta de confianza, miedo a no ser entendida, etc.
39 AGP. U.2.1. Nota sobre algunos aspectos del funcionamiento de Los Rosales (V-1946). Carpeta 53. Legajo 02. 4 pp.
40 AGP. Diario de LOS ROSALES. D-1363. 1947.
41 Carmen Isern Galcerán, La Mujer en la vida del Trabajo. Su misión social. Su aspecto jurídico, Madrid, Ministerio de la Gobernación, Dirección General de Sanidad, 1948, pp.
119 y 122. Carmen Isern Galcerán era maestra en Gerona en los años veinte. Fue becada por la Junta para Ampliación de Estudios (JAE) en 1925 y pasó seis meses en Francia, Suiza y Bélgica estudiando las instituciones para niños abandonados con peligro de caer en la delincuencia. En 1935 obtuvo una nueva pensión de tres meses para viajar a Inglaterra, Holanda y Bélgica, ahora con el objetivo de estudiar las Escuelas Femeninas de Asistencia Social. Se la tiene por persona cercana al espíritu de la Institución Libre de Enseñanza. En
1935 fue nombrada Inspectora de Primera Enseñanza en Barcelona (cfr. Teresa Marín Eced, Innovadores de la Educación en España: becarios de la Junta para Ampliación de Estudios, Ciudad Real, Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 1991, pp. 155-
156). Después de la guerra estudió Derecho y logró el doctorado. El libro que citamos es la publicación de su tesis doctoral.
42 AGP. Q. 2.2. Primera Semana de Trabajo 1948: España. Asistentes y temarios. Carpeta 01. Legajo 01.
43 AGP. Q. 2.2. Primera Semana de Trabajo 1948: España. Carpeta 02 con sugerencias. Legajo 01.
44 AGP. Q. 2.2. Primera Semana de Trabajo 1948: España. Carpeta 02 con sugerencias. Legajo 01.
45 Isern Galcerán, La Mujer, pp. 94-95.
46 Carmen Agulló Díaz, Azul y rosa: franquismo y educación femenina, en Alejandro Mayordomo (coord.), Estudios sobre política educativa durante el franquismo, Valencia, Universitat de Valencia, 1999, p. 247.
47 Isern Galcerán, La mujer, p. 95.
48 AGP. LA ESTILA-2 ao. Santiago de C. (España). D-2128; LA ESTILA-3 ao. Santiago de C. (España). D-2129.
49 AGP. LA ESTILA-7 (ce). Santiago de C. (España). D-2133. Anotaciones de los días 19 y 20 de agosto de 1949.
50 Virginia Ávila García, Las mujeres creyentes y el Opus Dei. Identidades de trabajo mediante la fe, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2019, p. 58.

 

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