Historia de vida: una mujer del Opus Dei en los primeros años del franquismo (1945-1950)

Introducción

El Opus Dei es una institución de la Iglesia Católica que va camino de cumplir cien años de existencia. Se trata, por tanto, de una entidad joven si la comparamos con otras, como las monacales, por ejemplo, en el conjunto de la Historia. Al mismo tiempo le ha tocado vivir uno de los siglos más convulsos, no solo a nivel internacional –el siglo de las guerras mundiales y la Guerra Fría, de la revolución sexual o del auge de internet y de las redes sociales, por poner tres ejemplos muy dispares–, sino también a nivel español, por ser el país que vio nacer al Opus Dei y a su fundador. Lo más significativo ha sido, sin duda, la guerra civil, acaecida entre 1936 y 1939, y la posterior dictadura, vigente hasta la muerte de Francisco Franco en noviembre de 1975, apenas unos meses después de que hubiera fallecido el fundador del Opus Dei, José María Escrivá, el 26 de junio. En el momento de la muerte de Franco, tras la desaparición previa de los regímenes dictatoriales de Grecia y Portugal, el régimen vigente en España desde el final de la Guerra Civil se había convertido en un anacronismo histórico en el contexto de Europa Occidental. Ello ayudó a que España viviera desde 1975 un rápido proceso de Transición democrática no exenta de dificultades, pero que llevó al país a un cambio radical de fisonomía política, social y, por lo que interesa a este artículo, religiosa 1. De ser un estado confesional católico, en el que prácticamente la totalidad de los españoles eran bautizados y la mayoría acudía a las celebraciones religiosas, se ha pasado a que los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de 2022 arrojen que solo el 19,6% de los españoles son católicos practicantes 2.

Si entendemos que la fundación del Opus Dei tiene lugar a lo largo de la vida del fundador, es decir, entre 1928 y 1975, significa que su vida se corresponde en España prácticamente con una guerra civil y una dictadura. Y que la etapa posterior, a saber, la que todavía hoy acontece, se caracteriza por ser un periodo de transformaciones políticas, sociales y religiosas muy profundas. Si bien es cierto que el Opus Dei no es España –en la actualidad se encuentra en casi 70 países–, es innegable que todavía hoy día es predominantemente español: en este país viven el 44,3% de los fieles del Opus Dei 3.

Comprender este contexto es fundamental para entender también a las personas que habitaron España durante esos años. Y, por ende, a aquellos que conocieron a José María Escrivá y se convencieron de que Dios les llamaba también a vivir ese carisma de santidad en medio del mundo.

Se ha escrito mucho sobre el fundador y sobre las personas de la institución fundada por él que tuvieron una relevancia política y social en la vida española del siglo XX. A la vez, es fácil comprender que, al igual que ocurre con otros muchos fenómenos históricos, la inmensa mayoría de sus fieles son personas anónimas, con vidas aparentemente anodinas. Sacar a relucir estas biografías de gente corriente puede servir para comprender mejor no solo la institución, en este caso el Opus Dei, sino también el contexto, a la vez que la diversidad de modos de percibir y vivir en un periodo determinado de la Historia.

También se ha escrito sobre las mujeres en general durante la dictadura de Franco y sobre las del Opus Dei en particular. Rosario Ruiz Franco resume así la situación de la población femenina en el primer franquismo: Las similitudes entre el nazismo, el fascismo italiano y el franquismo a la hora de encauzar una política de género dirigida a erradicar cualquier vestigio de emancipación femenina podrían quedar sintetizadas en los siguientes pará- metros: una política natalista, de promoción del hogar y de la maternidad, difusión de un arquetipo femenino basado en identidades de madre, esposa y ama de casa, promulgación de leyes que limitan la participación de las mujeres en la producción, reduciéndola –mayoritariamente– a la economía doméstica, perpetuación de la estructura patriarcal familiar, prohibición de la coeducación, y canalización de la participación pública femenina en organizaciones que movilizaban a grupos de mujeres de clase media para cumplir con los objetivos del régimen 4.

Explica asimismo Ruiz Franco, que existía un empeño del nuevo régimen por garantizar «el control social de las mujeres» para invalidar «cualquier conato de independencia social y económica de las mismas al marginarlas profesionalmente» 5.

Por otro lado, señala Inmaculada Alva que, en cuanto a las mujeres del Opus Dei, imperan algunos relatos, como los de Mónica Moreno o Carmen Tapia, que difunden «la imagen de una mujer sumisa, dedicada a cuidar al varón, con una vida uniforme y rutinaria» 6. Al igual que ocurre con cualquier otro estudio, y aunque esta descripción pueda aplicarse a algunas de las mujeres del Opus Dei, en este artículo podremos ver si ese retrato se puede atribuir también al caso de estudio aquí abordado y, por tanto, a todas las mujeres del Opus Dei de la época, tal y como parecen indicar esos estudios. Coincido con la idea de Alva de que, si bien la experiencia de algunas mujeres pudo ser esa, ello «hace necesario oír más voces que permitan comprender de manera más amplia los acontecimientos» 7.

La propuesta de este artículo es adentrarse en la biografía de una mujer absolutamente anónima para la historia política, social y económica de España: Aurora Nieto Funcia. Zamorana nacida a inicios del siglo XX, su vida transcurrió como la de muchas otras personas de la España de entonces: enviudó joven, tuvo que trabajar para sacar adelante a sus hijos y fue católica practicante desde la cuna hasta el lecho de muerte. Vivió prácticamente toda su vida en Salamanca, ciudad en la que conoció en 1945 a un sacerdote aún joven, José María Escrivá, de 43 años, que había fundado apenas dos décadas antes el Opus Dei (1928) 8. Aurora Nieto Funcia pidió la admisión en esta institución en ese mismo año. Pero su existencia continuó siendo igual de anónima.

En este artículo queremos ahondar en su historia de vida precisamente por este motivo. Poner el foco en una persona para poder vislumbrar, a través de lo concreto, la variedad de la situación de las mujeres del Opus Dei, ya en ese momento. Y aunque el valor de esta biografía tiene más que ver con su pertenencia al Opus Dei que con su trayectoria familiar o profesional, al descubrir su historia podemos también comprender mejor la propia institución. De este modo trataré de completar una historiografía que hasta ahora ha puesto mayor acento en los varones, aunque en realidad el Opus Dei se define a sí mismo como «una única institución [el Opus Dei] formada por hombres y mujeres cuyo régimen económico, actividades apostólicas y formativas están totalmente separadas» 9.

Se han utilizado para ello fuentes orales y archivísticas, fundamentalmente correspondencia. Maite del Riego ha facilitado una entrevista que realizó a Nieto Funcia en 1980. Además, en el Archivo General de la Prelatura (AGP) se encuentra gran parte de su correspondencia, tanto con José María Escrivá como con algunas mujeres del Opus Dei. Asimismo, se ha podido acceder a los documentos que conservan sus familiares, facilitados principalmente por su sobrina, Ana Nieto Centeno. Se ha pedido acceso al Archivo de la Universidad Pontificia de Salamanca, donde se conservan los documentos relativos a Acción Católica, y se ha procurado seguir el rastro de Aurora Nieto Funcia en medios de comunicación, con escaso éxito en estos casos debido al anonimato de la protagonista.

En definitiva, se trata de un artículo centrado en la vida de Aurora Nieto Funcia, la primera mujer en pedir la admisión como supernumeraria del Opus Dei 10. Me he detenido en sus cinco primeros años como miembro de esta institución, aunque para conocer al personaje me adentraré tanto en su historia personal como en su evolución espiritual. Además, la elección de estas fechas tiene sentido por la propia historia de los supernumerarios del Opus Dei, pues el Derecho de la Iglesia no permitió a estos incorporarse jurídicamente a la institución hasta 1950.

Todo esto puede significar que Aurora Nieto Funcia es una excepción entre las mujeres de su tiempo, tanto por su situación personal de viuda y trabajadora, como por su situación espiritual, al pertenecer al Opus Dei. Pero también refuerza la idea de que incluso dentro de la propia institución era una excepción, al no estar normalizada la existencia de miembros supernumerarios como ella, en la sección de mujeres, hasta 1950 11.

Breve biografía de Aurora Nieto Funcia

Antonino Nieto Fernández y Encarnación Funcia Berrueco fueron un matrimonio zamorano de finales del siglo XIX y principios del XX. Tuvieron ocho hijos, de los cuales la mayor fue Aurora Nieto Funcia. Nacida el 12 de noviembre de 1904 en Fermoselle, provincia de Zamora, su padre falleció cuando ella apenas contaba doce años. Al ser la mayor, se responsabilizó de ayudar a su madre para sacar adelante a su familia y, con ese fin, estudió Magisterio. Era esta una de las profesiones más comunes entre las mujeres de su tiempo que tuvieron acceso a la educación, pues en 1920 todavía un 57% de las mujeres eran analfabetas 12. En concreto, obtuvo el puesto de maestra en propiedad de la Escuela de Párvulos de Fuentesauco (Zamora), procedente de los cursillos de 1933, aunque en marzo de 1935 obtuvo la excedencia ilimitada del Ministerio de Instrucción Pública de la República, «por pasar a servir Escuelas de Patronato» 13.

A los 18 años contrajo matrimonio con José Gil Angulo. Fue un conocido político conservador de Zamora, que llegó a ser presidente de la Diputación y alcalde de la ciudad al final de la Dictadura de Miguel Primo de Rivera (1927-1930), además de gobernador civil de Guadalajara y Palencia (1924-1927) 14. Tuvieron tres hijos: José María, Fernando e Ignacio. Los tres eran pequeños cuando Nieto Funcia enviudó a los 28 años, al fallecer su marido el 7 de octubre de 1932. El mayor tuvo una salud débil toda su vida, y murió el 8 de diciembre de 1950. En la correspondencia de Aurora Nieto Funcia, a lo largo de muchos años, se entrevé la constante preocupación que le supuso la salud de su primogénito. El mediano, Fernando, estudió Derecho y fue profesor universitario, aunque también hizo incursiones en política, siendo gobernador civil en La Coruña y en Huelva en los comienzos de la Transición democrática (1976-1977). Ignacio estudió para ser electricista.

Al enviudar, Aurora se trasladó a Salamanca, donde vivió toda su vida. Desde aquel momento tuvo también que trabajar para sacar adelante a sus hijos. Según un documento escrito por Carmen Muñoz –numeraria que vivía en Salamanca cuando Aurora Nieto Funcia falleció– y conservado en AGP, «vivía dignamente, con una situación económica poco holgada y realizaba su trabajo con prestigio profesional» 15. Ella misma reflejó en alguna misiva la «penuria económica» en la que vivía, que la obligaba a trabajar en varios lugares al mismo tiempo, para poder mantener a sus hijos y a su madre, que se trasladó a vivir con ellos 16.

Por una parte, disponía de unas fincas en Zamora que debía administrar, algo que le aportaba un sueldo extra, aunque también preocupaciones, pues lógicamente dependía de las buenas cosechas para que fueran rentables. A inicios de los años cuarenta trabajaba por las mañanas en Auxilio Social, una institución dependiente de FET y de las JONS y «encargada de prestar asistencia a los necesitados y de difundir el modelo educativo imperante en España» 17. En una carta escrita a José María Escrivá el 17 de octubre de 1945 le comentaba: «Como con este sueldo [el de Auxilio Social] no me alcanza para cubrir todas las necesidades y otros ingresos que me proporcionaba la administración de unas fincas me han fallado este año por la mala cosecha, preciso buscar modo de completar en lo posible, trabajando por la tarde, el presupuesto familiar» 18. No sabemos si encontró un trabajo inmediatamente, pero sí que el 15 de febrero de 1947 comenzó a trabajar en la Caja de Ahorros de Salamanca en labores de secretaría y archivo y que estaba «contenta y bien» 19. En mayo de 1951 fue nombrada directora de la Escuela-Hogar de la Sagrada Familia, una institución creada por la Caja de Ahorros en los Pizarrales, una zona desfavorecida de Salamanca 20.

Era habitual que vistiera de luto, es decir, de negro, tanto por su condición de viuda como por el fallecimiento de su hijo José María. En 1964 fue operada por un desprendimiento de retina del que no pudo recuperarse, quedándose ciega desde ese momento. Sus hijos Fernando e Ignacio ya estaban casados, por lo que continuó viviendo en su casa y en cierta medida mantuvo su independencia, aunque durante los siguientes 26 años una señora se encargó de cuidarla. Falleció el 12 de octubre de 1990 a los 85 años, «rezando arrodillada al lado de la cama sin ningún espasmo ni nada especial», según el relato de su hijo Ignacio Gil Nieto 21.

Su sobrina Ana Nieto Centeno la recuerda como una mujer «atenta, recta, culta, cumplidora, flexible, serena, piadosa y cariñosa a lo salmantino» 22. En el AGP se conserva el relato anónimo de una persona que la conoció en sus últimos años de vida en Salamanca y que la describió como «generosa y servicial […] muy pendiente de ayudar a las personas que tenía alrededor. Destacaba por su capacidad de amistad profunda y leal. Era muy piadosa, fuerte y serena» 23.

Ciertamente fue una mujer común de la España católica del siglo XX, donde todos los niños eran bautizados y donde la práctica de la fe era habitual. Desde muy joven se involucró en Acción Católica, siendo la presidenta de la Sección Femenina de Mujeres diocesana. Ana Nieto Centeno la recuerda «muy inquieta espiritualmente»: junto a otras seis u ocho amigas «se reunían en su casa, vivían una piedad intensa, hablaban y se proponían mejorar, estaban buscando algo que les aquietase la inquietud de conocer “algo más”, sin saber qué exactamente, para mejorar las cosas en la sociedad, influir más, ser mejores ellas, conocer más a Dios, etc.» 24.

Durante un tiempo vivió con ella su amiga Consolación Pérez, Consi, estudiante de Química en la Universidad de Salamanca, pues su familia se había trasladado de ciudad 25. Además, formaban parte del mismo grupo en Acción Católica (AC). Según sus recuerdos, conservados en AGP, «unas y otras [las de la sección de mujeres y las de la sección jóvenes de AC] la querían mucho. Muy pronto me incorporé a un grupo de chicas que tenían una gran confianza con ella: se reunían en su casa para todo y estaba abierta para nosotras a cualquier hora que necesitásemos algo del tipo que fuera» 26.

El sentido de la Acción Católica era, en palabras del Papa Pío XI, «que los fieles cristianos participen en cierto modo del apostolado jerárquico de la Iglesia» 27. Se dividía fundamentalmente en cuatro ramas: la de hombres y la de mujeres, y la sección de jóvenes, que a su vez se distinguía entre masculina y femenina 28. En cierta manera, la evolución de esta institución ayuda a entender la propia evolución del régimen y del catolicismo en España, llegando a ser, en palabras de Feliciano Montero, parte de la «preparación del clima mental necesario para el éxito de la transición democrática» 29. La Acción Católica, en su larga historia, pasó de «la colaboración reformista con el régimen político […], a la denuncia social, y finalmente a la crítica política y la militancia antifranquista» 30. Sin embargo, para Mónica Moreno Seco, la Acción Católica femenina «cumplió la función de transmisora del modelo autoritario franquista de mujer y de familia, base de una sociedad asentada en los mismos valores, contribuyendo así a la legitimación de la dictadura» 31. En el caso particular de Nieto Funcia no podemos afirmar ni desmentir dicha intención por falta de fuentes, aunque es cierto que en ninguna de las más de noventa cartas consultadas (las correspondientes a los años que abarca este artículo) hace mención alguna a la política o muestra un apoyo al régimen de Franco. Aunque ciertamente no tiene por qué, se puede pensar que compartiera la ideología de su marido antes de 1936, o que por este motivo trabajará en Auxilio Social. Además, sabemos que dio algún curso de Pedagogía para miembros del partido único del régimen, aunque este fue de contenido técnico 32. No obstante, también sabemos que, pese a estos antecedentes, no era una mujer especialmente interesada en la política ni mucho menos en propagar la ideología de la dictadura como fin vital. Puede afirmarse que la motivación principal de Nieto Funcia para estar en Acción Católica era cumplir con lo que ella entendía que era el «apostolado», es decir, hablar de Dios a la gente. Por lo que se corresponde más con la definición que daba Pío XI, independientemente de que los derroteros de Acción Católica llevaran en algún caso por otras vías más relacionadas con la política. En la entrevista a Nieto Funcia que me facilitó Maite del Riego se puede ver que entendía Acción Católica «como una acción de los católicos verdaderos», pero no en el terreno político, sino en el más propiamente religioso 33.

Precisamente por esto, afirmaba ella misma, el Opus Dei le había convencido porque entendió que era parecido, pero con un matiz vocacional más específico: «Una persona católica, hija de la Iglesia, actuando en todo momento como tal, sin tener doble vida, sino actuando así cuando come, cuando reza, cuando estudia, cuando está con visitas… en todo momento. Y como esto lo tenía tan claro y lo tenía dentro tan claro, la Obra la entendí perfectamente» 34.

Mientras Acción Católica se presentaba como una iniciativa internacional, impulsada por los obispos y con la intención de que los fieles laicos tuvieran un papel en el apostolado de la Iglesia e influyeran en la sociedad, el Opus Dei nació como una vocación, que en lenguaje religioso significa «inspiración con que Dios llama a algún estado» o «convocación, llamamiento» 35. Es decir, que no se trataba de una asociación en la que uno se inscribía o de la que formaba parte, sino que requería de un «llamamiento» por parte de Dios. Esa especificidad obliga a que el número de los que forman parte de un camino concreto –tanto el Opus Dei como otras muchas instituciones de la Iglesia en las que se ingresa por ese sentido de llamada– sea menor, pues la vocación obliga y compromete de un modo que no lo hace el formar parte de una asociación que, naturalmente, es mucho más genérica y abierta 36.

El Opus Dei se fundó un año antes de la citada carta sobre Acción Católica de Pío XI, es decir, en 1928. Su fundador fue José María Escrivá, nacido en 1902 en Barbastro (Huesca). Sacerdote diocesano que vivía en Madrid cuando, según su relato, Dios le impulsó a abrir un camino vocacional en la Iglesia especialmente centrado en los laicos, de carácter universal, y con la mirada puesta en la búsqueda de la santidad en medio del mundo, sobre todo a través del trabajo. Fue canonizado por Juan Pablo II en Roma el 6 de octubre de 2002.

Cuando Aurora Nieto Funcia conoció al fundador y su mensaje, en 1945, no llegaban a la treintena las mujeres que habían pedido la admisión en el Opus Dei. Aunque Escrivá pensaba que habría también personas casadas en la institución que había fundado, en ese momento todas las que lo habían seguido, ya fueran hombres o mujeres, lo habían hecho como numerarias, con un compromiso de celibato y con la intención de mantener esa condición, es decir, de no contraer matrimonio 37. Algunas de ellas, como Encarnación Ortega o Narcisa González Guzmán, habían formado parte a su vez de Acción Católica. Nieto Funcia se trataba por tanto de una excepción, al ser viuda y con tres hijos. El siguiente epígrafe se centra en su incorporación a esta vocación particular.

La admisión al Opus Dei

Aurora Nieto Funcia conoció a José María Escrivá en Salamanca en marzo de 1945. El sacerdote se encontraba en la ciudad castellana para impartir unos ejercicios espirituales a varones, mientras Álvaro del Portillo –uno de los tres primeros miembros del Opus Dei en ser ordenado sacerdote: mano derecha del fundador hasta su muerte y quien le sucedió al frente de la institución– iba a hacer lo propio con un grupo de mujeres. Su sobrina asegura que Aurora Nieto Funcia supo que Escrivá y del Portillo iban a estar en esa ciudad por un sacerdote amigo suyo, Pedro Altabella, amigo a su vez del fundador del Opus Dei. Según el relato de la propia protagonista, lo supo por su amiga María Jesús López Areal, estudiante de Medicina, también de Acción Católica, y la segunda en pedir la admisión como numeraria en la ciudad. En cualquier caso, Aurora Nieto Funcia no pudo asistir a los ejercicios espirituales, por lo que fueron sus amigas las que le transmitieron el contenido y los temas que se estaban tratando: «El grupo de las amigas de la tía iban cada día a su casa al terminar y le informaban con asombro del contenido de las meditaciones que escuchaban y que era precisamente lo que estaban buscando: santificarse en medio del mundo, encontrar a Dios en la vida corriente, cristianizar todas las actividades humanas honradas, cultura, trabajo, familia. Todas exultaban y la tía también, al fin habían encontrado lo que buscaban» 38.

La misma Aurora Nieto Funcia relató que, efectivamente, ella tenía el deseo de hacer apostolado con gente joven, con gente universitaria en medio del mundo: «Yo tenía un deseo callado, porque no podía ser expresado, pero un deseo muy sentido y muy vivido, de apostolado con gente joven, con gente principalmente de estudios, gente universitaria, y en el mundo. No de vocaciones religiosas, sino en el mundo, de personas corrientes y molientes» 39.

Días después tuvo la oportunidad de conocer al fundador en el Palacio Episcopal de Salamanca. El encuentro fue con José María Escrivá y con Álvaro del Portillo, aunque según sus recuerdos solo habló el primero. Le contó cómo era la institución que había fundado, las personas que formaban parte de la misma y también de cómo se iba a extender por el mundo y de cómo el Opus Dei se haría a los modos de ser y de hacer de cada país. El encuentro debió durar unas dos horas, pero Aurora Nieto Funcia aseguró después que ella se convenció en cuestión de minutos: «Vi realizada, y más por un sacerdote, que me daba mucha garantía, una cosa que yo tenía en la cabeza. Y fue por eso rapidísima mi adhesión. No tuvo que haber convencimiento: fue una cosa de visión rápida […]. Me consideré ya incluida desde el primer momento» 40.

Probablemente, y como ya se ha mencionado, el mensaje del Opus Dei no era algo tan novedoso para una persona involucrada, como lo estaba ella, en Acción Católica. A la vez, es cierto que la misma Nieto Funcia relató la certeza de una vocación concreta, es decir, de una llamada de Dios. Garantía de ello fue también que lo que le atrajo no fue la personalidad del fundador:

El tipo del padre [José María Escrivá] no era mi tipo. Humanamente no me seducía, pero eso quedaba completamente ajeno, completamente oscurecido, por la otra cosa que salía de él, esa cosa espiritual, esa cosa de convencimiento, esa cosa de fuerza, de misión, recibida de Dios, que a mí me arrastró completamente […]. A mí me parece esto muy definitivo, que no es una cosa de simpatía personal, no, no, no. Es otra cosa. Esta cosa arrolladora del padre, a mí no me satisface. Ahora, si esa cosa arrolladora es en función de una misión que ha recibido y habla en nombre de Dios, entonces sí. Esta es la diferencia 41.

Volvió a encontrarse con José María Escrivá en, al menos, otras tres ocasiones. La primera en Madrid, poco después de ese encuentro inicial en Salamanca, donde conoció también a las primeras mujeres del Opus Dei, entre las que se encontraban Narcisa González Guzmán y Guadalupe Ortiz de Landázuri 42. Poco después se fue a vivir unos días a Los Rosales, una casa destinada a actividades de formación que tenía –y tiene– el Opus Dei a las afueras en Villaviciosa de Odón, provincia de Madrid. Allí convivió por primera vez con otras mujeres que habían tomado la decisión de pertenecer al Opus Dei y tuvo ocasión de volver a encontrarse con el fundador. Como ella misma diría: «Todavía no había escrito la carta, pero me consideraba una de ellas» 43.

Definitivamente, pidió ser admitida en el Opus Dei el 30 de octubre de 1945, unos meses después de haber conocido a José María Escrivá. Lo hizo tras hablar con su confesor, el dominico Manuel Cuervo, a sugerencia del propio fundador, pues era su confesor habitual 44. Este le dijo que no veía problema en su «disposición interior» pero sí en la dificultad que podía suponer su «falta de libertad y de medios» que le obligaban «a ocupar todas las horas en procurar un trabajo retribuido, con que poder atender a las necesidades urgentes de los hijos» 45. Ella misma manifestó en una de sus cartas el temor a «no encajar»: «Os agradezco vuestra invitación a Los Rosales, porque me hace una ilusión enorme; y con vuestra insistencia, vencéis ya de antemano un cierto reparillo que ha empezado a cosquillearme, de si no desentonaré yo ahí junto a vosotras […]. Después de mes y medio ‘llenando el motor’, pobre papel voy a hacer yo ahí con mi carreta desvencijada» 46.

Sin embargo, Escrivá le dijo que él no veía inconveniente, que ella podría seguir con su vida y sus obligaciones y, a la vez, estar vinculada a la Obra. Así se lo hizo saber ella misma a Encarnación Ortega en una carta que escribió el mismo 30 de octubre: Con esta misma fecha escribo al Padre pidiéndole la admisión en la Obra. Estuvo ayer aquí el Padre, en casa, vino con don Álvaro y me dijo el modo cómo yo desde casa y sin desatender a mis hijos podía ser admitida y pertenecer a la Obra. Me parece mentira y aunque la idea de estar lejos de vosotras y fuera de las casas me da algo de pena y hasta algo de miedo de no acomodarme bien al espíritu peculiar que el Padre quiere, confío en que él lo sabe y no ha visto en ello inconveniente 47.

Por tanto, Aurora Nieto Funcia pidió la admisión sabiendo que no iba a vivir en un centro del Opus Dei y que su dedicación a la Obra no sería exclusiva ni como la de los miembros célibes que, hasta el momento y como ya se ha señalado, eran los únicos que formaban parte del Opus Dei, al menos entre las mujeres. Según los datos recogidos por María Merino Bobillo, ella sería la única supernumeraria hasta 1948, en que llegó la petición de Ramona Sanjurjo 48. En 1951 pedirían la admisión como supernumerarias nueve mujeres más, y a partir de 1952, en que lo hicieron 30, el número iría en aumento. En palabras de esta misma autora, en 1947 «el Decretum Laudis les reconoció [a las personas casadas] la posibilidad de vivir según su espíritu [el del Opus Dei] y modos apostólicos, aunque todavía no podían pertenecer con pleno derecho a la Obra. Desde ese momento, las vocaciones de personas casadas conocieron un fuerte impulso que se reforzó con la aprobación definitiva en 1950, cuando el derecho de la Iglesia permitió a los supernumerarios incorporarse jurídicamente al Opus Dei» 49.

El asunto de la aprobación se lo había mencionado el mismo José María Escrivá a Aurora Nieto Funcia en una de las conversaciones previas a que ella pidiera la admisión. Se trataba de un querer del fundador desde mucho antes de que empezara a haber personas casadas en la Obra, pues desde 1932 puso al amparo del arcángel san Gabriel a los que llegaran al Opus Dei con ese estatus o, al menos, sin compromiso de celibato 50. También para ella sería una preocupación y, de hecho, en fechas tan tempranas como 1947 preguntó al fundador por este asunto: «¿Cuándo podré yo ser admitida de hecho en la Obra? ¿Tendré que esperar a que desligada de mis obligaciones familiares pueda del todo darme a ella? La cabeza me dice que es natural que sea así; pero me da un ansia pensar que pudiera ser antes» 51.

Por una parte, Nieto Funcia no desconocía que ella era la única con esas circunstancias en el Opus Dei y, por tanto, tiene sentido que pensara que debía ser como las demás para estar plenamente integrada. Por otro lado, unido a la inexistencia de un modelo precedente en la misma institución, estaba el hecho de que tampoco jurídicamente se contemplaba todavía esa posibilidad, lo que hacía más complicado comprender cuál era su papel y cómo debía vivir lo que ella pensaba que era su vocación.

De todas formas, quizá una dificultad para clasificar a esta mujer hasta ahora haya sido que en la carta en la que pedía la admisión no aclaraba que lo hacía como supernumeraria, algo imposible teniendo en cuenta que en 1945 no se trataba de una figura jurídica existente en el Opus Dei. Quizá por eso hasta el momento no se le ha dado protagonismo, como si no hubiera sido la primera. Pero, si bien es cierto que ella no precisó ese aspecto en su carta, es claro que desde el principio se la puede considerar como tal. Incluso aunque ni ella misma entendiera bien qué significaba, las implicaciones que tenía ni que, efectivamente, en el Opus Dei existe una sola vocación y diversidad de fieles, por lo que ya estaba plenamente entregada, aunque ella fuera viuda o no viviera con las demás mujeres del Opus Dei 52. Por una parte, por su edad, pues contaba con 41 años cuando decidió incorporarse al Opus Dei. Por otra, no puede obviarse no solo que fuera viuda y tuviera tres hijos, sino que ellos eran su principal ocupación, lo cual hace bastante lógico que su entrada en el Opus Dei fuera como supernumeraria. Por último, ella misma, a la vez que mostraba entusiasmo y deseos de unirse a las demás y de poder vivir como ellas, y de manifestar alegría por pertenecer a la Obra, confesaba cierta sensación de extrañeza tras pasar por Los Rosales y convivir con otras mujeres del Opus Dei, lo cual puede ser indicativo de que ese no era su sitio. Por ejemplo, el 4 de mayo de 1947 escribió a Narcisa González Guzmán sobre sus vacaciones y sobre la posibilidad de ir unos días a esa casa: Tengo miedo de que me pase lo mismo que el año pasado, que aquellos cuatro días que estuve me produjeron un efecto rarísimo del que tardé un tiempo en reaccionar. Yo no sé si a las demás les pasará, pero a mí me hacía el efecto de que estaba descentrada […]. Tenía la impresión y ella fue la que quedó como te digo por algún tiempo, de que no me podría acomodar, que mi vida ya era otra, que estaba demasiado cargada de ocupaciones y preocupaciones grandes, o que al menos a mí me lo parecen, para descargarme de todo y centrarme ahí 53.

Al fin y al cabo, Aurora Nieto Funcia era la que no vivía en un centro de la Obra, y esa extrañeza de entonces, que es lo normal hoy día para la inmensa mayoría de miembros del Opus Dei, le hacía sufrir: «Lo que echo de menos es una comunicación más frecuente y en esa comunicación algo más de intimidad. A medida que pasa el tiempo, voy sintiendo como si os alejarais, como si el lazo que me mantiene unida a la Obra se adelgazara cada día. Y no sabes el desconsuelo que me produce» 54. La respuesta que le dio un mes después a Encarnación Ortega puede ayudar a despejar cualquier duda: «Tú me has vuelto a asegurar que debo sentirme muy hija del Padre y muy hermana vuestra y eso es precisamente lo que yo quería». La carta termina así: «Te aseguro, Encarnita, que en lo que de mí depende me siento de verdad hija del Padre y hermana vuestra y unidísima a todas en todo» 55.

Parece que la mayor dificultad de Aurora Nieto Funcia era, precisamente, el verse como una extraña, por no vivir como lo hacían las numerarias que conocía, y al mismo tiempo sentirse totalmente parte del Opus Dei. En una carta escrita a José María Escrivá casi dos años después de pedir la admisión, afirmaba: «Estoy contenta Padre, muy contenta […]. Me siento del todo ya de la Obra y una más, aunque lejos, que vive y está entregada a la Obra» 56. Ese convencimiento, como es lógico, se iría reforzando con el paso de los años, aunque desde muy pronto lo mostrara. También en 1947, después de una estancia en Los Rosales, escribió a Encarnación Ortega: «Estoy muy contenta y estuve encantada los días que pude [pasar] en Los Rosales y he venido con la sensación clara y definitiva de que soy del todo de la Obra. Solo siento tener que decirlo desde lejos; pero esto no depende de mí y así tampoco me preocupa» 57.

De todas formas, a veces también notaba que podía haber una falta de comprensión por parte de las numerarias, y se quejaba de que le escribieran con poca frecuencia. En una ocasión, y en respuesta a lo que Encarnación Ortega le había dicho por sus quejas ante la soledad, le decía con ironía: «¡Aquí en mi sitio te quería yo ver!» 58.

Finalmente, Aurora Nieto Funcia hizo la admisión el 1 de mayo de 1952 y la oblación –es decir, la incorporación jurídica– el 31 de mayo de 1953. Su incorporación definitiva fue el 27 de abril de 1968 59.

Ser la excepción en el Opus Dei (1945-1950): recepción y estilo de vida

Parece claro que, dado el consejo del padre Cuervo, existía la impresión de que no era fácil de entender en ese contexto cómo era posible un compromiso vocacional en una mujer viuda, con tres hijos, al cuidado de su madre y en una situación laboral de cierta intensidad. Lo era para el padre Cuervo, pero también para la propia Nieto Funcia, como ya se ha mencionado. Por tanto, más sorprendente resulta ver su convicción y confianza, aunque también hubiera momentos de duda. Por ejemplo, el 7 de noviembre, es decir, ocho días después de pedir la admisión en el Opus Dei, escribió a Encarnación Ortega con «una pena muy de dentro», porque su hijo José María no había sido admitido para hacer los votos en una institución religiosa y había regresado a casa: ¡Qué ocultos son los planes del Señor! Porque pensar yo que el Padre ha obrado de ligero al decirme que yo también cabía en la Obra no puede ser, y sin embargo, tan atada yo de pies y manos y para un tiempo que es imposible preveer [sic], ¿qué puedo yo hacer por y para la Obra? Me tienes que decir tú y además orientarme y ayudarme para que yo pueda seguiros lo más cerca posible y no ser para la Obra lastre o peso muerto 60.

La respuesta de Encarnación Ortega es muestra también de la confianza y de la conciencia que tenían las que eran numerarias de la plena vocación de Aurora Nieto Funcia, en fechas tan tempranas como 1945: «¡Qué labor tan eficaz puedes hacer en la Obra en este momento abrazándote alegremente con la cruz… las obras necesitan cimiento y la nuestra, por ser grandiosidad, los necesita enormes y has tenido la suerte de que el Señor te escoja a ti como parte de esos cimientos»  61. Ese mismo año, en el diario de Los Rosales también se recoge esa conciencia de similitud entre Nieto Funcia y las demás: «Qué alegría tan enorme pensar que otra alma más se une a la Obra para ayudarnos a prender fuego a la tierra» 62.

Es decir, que no solo José María Escrivá o la propia interesada, sino también las demás mujeres del Opus Dei –a pesar de lo sorprendente que podía parecer en el contexto de la época– entendieron que Nieto Funcia –que no había ido a vivir con ellas, sino que se encontraba en su casa, con sus hijos, que era viuda y tenía graves responsabilidades– formaba parte e incluso era «fundamento» del Opus Dei tanto como las que sí vivían en un centro de la Obra y no tenían ese tipo de obligaciones.

En una obra publicada sobre la historia de los primeros supernumerarios del Opus Dei, se explica que los rasgos característicos en los que pensaba el fundador para las personas casadas –o con posibilidad de casarse– eran la propagación de la fe –el apostolado o evangelización, que diríamos hoy día– y el que estuvieran amparadas por una asociación con personalidad jurídica. Desde 1947 podían asociarse a la institución, lo cual era ya un avance, pero el fundador quería que estuvieran amparados jurídicamente, algo que se logró en 1950 63.

En cuanto al primer aspecto, el referente a la «propagación de la fe», en el caso de Aurora Nieto Funcia, como se ha mencionado, ya antes de conocer el Opus Dei tenía una inclinación clara en esa dirección, lo que le había impulsado a integrarse en Acción Católica e incluso a ser presidente de una sección en Salamanca. También antes de pedir ser admitida en el Opus Dei, apoyó en su decisión a algunas de sus amigas, como María Jesús López Areal, que había pedido la admisión como numeraria el 21 de marzo de 1945, Consolación Pérez, Consi, que había hecho lo mismo el 24 de julio del mismo año o Paula Gómez Trapero, Berta Boyero, María Calzada y María Escudero, entre otras 64. En muchas de sus cartas de estos primeros años puede verse esa preocupación por las vocaciones que iban saliendo de Salamanca, por su salud física y espiritual, por las dificultades que iban teniendo o por las alegrías. Por ejemplo, le escribía a Encarnación Ortega: «También yo tengo noticias de Consi y de que está contentísima y lamentando el tiempo que tardó en darse. ¡Qué contenta estoy yo también! La tenía por tan mía que me alegra muchísimo saberla ya centrada y ¡¡en la Obra!!

La echo mucho de menos, sí, pero os siento a todas muy cerca y esto me consuela unas veces y otras me espolea, porque no me quiero quedar atrás» 65.

Y en otra ocasión, en referencia a María Jesús López Areal, le preguntaba a Narcisa González Guzmán: «¿Tienes algo de cuidado de su salud?» 66. Por supuesto, también acercó a otras muchas personas a lo largo de su vida, tanto hombres como mujeres 67.

Ciertamente fue de una gran ayuda para la labor de varones, pues fueron los primeros en disponer de un centro en Salamanca, abierto en 1949. Según su sobrina, su casa «era para ellos un lugar para descansar y sentir más el hogar de la Obra que les intentaba transmitir» 68. Les ayudaba para lavar y planchar los ornamentos de oratorio, pero también los confeccionaba ella misma, como cuando en 1950 les regaló un paño de hombros 69. También en alguna ocasión les preparaba un postre para celebraciones, e incluso les invitaba a pasar con su familia fiestas importantes, como en la Nochebuena de 1950, cuando varios de ellos fueron a cenar a su casa 70. Sus hijos fueron todos por el centro del Opus Dei, pero el pequeño, Ignacio, recuerda así cómo era su madre en este sentido: Su manera de ser era comportarse tranquila con los de alrededor, explicarles lo que ella creía que pasaba, pero en ningún caso hacer creer a la fuerza que aquello era así. Nosotros éramos sus hijos y ella te decía, “vente a Misa conmigo mañana”, no te decía, “a las 8 te despierto y tienes que estar conmigo”. Ella era una personalidad completamente asumible por cualquiera, porque veías que ella pensaba así, pero que no trataba de convencerte de, sino que estaba hablándote de algo y nada más 71.

También ella se vio afectada por las críticas que sufrió la institución durante la posguerra y primeros años del franquismo 72. La misma Aurora Nieto Funcia escribió el 28 de noviembre de 1946 a su amiga Consolación Pérez para contarle de la fama que le habían puesto de ser «amiga de las del Opus». Y decía, «¡qué calumnia! Las niñas me huyen y si alguna más valiente se atreve a dejarse ver conmigo, se cuelga el “sambenito” enseguida» 73. También en 1949 escribió a María Jesús Hereza sobre la impresión que le había causado encontrarse con la superiora de las Salesas, amiga suya, y la opinión que tenía del Opus Dei: «Si vieras qué temores, sospechas y reservas le oí respecto de la Obra, no la contenía ni el desconocimiento que tenía de la Obra en sí misma, ni siquiera la aprobación de la Iglesia. Me dio pena su casi escándalo y traté de dejar en algunas cosas la verdad en su sitio, pero sin inquietarme, porque se veía claro el prejuicio, aunque en alguna cosa rectificó después de oírme» 74.

¿Cambió algo la vida de Aurora Nieto Funcia? Ciertamente no en cuanto a sus prácticas de piedad, pues ella misma relató que ninguna le sorprendió o tuvo que incorporarla, salvo el rezo de las Preces –oración compuesta para los miembros de la Obra por parte del fundador en 1930 75–. Por otro lado, sus obligaciones profesionales y familiares continuaron siendo las mismas a lo largo de su vida, con las variaciones propias de su edad y circunstancias. En el lustro aquí tratado fueron las propias de cualquier mujer en su situación e incluso era frecuente que explicara en sus cartas que no había podido escribir por la cantidad de trabajo o por el cuidado de los suyos: «Soy una acaparadora de trabajo y me cuesta encontrar un rato para escribiros» 76. De hecho, esos solían ser los temas sobre los que escribía Nieto Funcia: su trabajo y sus hijos.

Incluso su hijo Ignacio, el pequeño, recordaba años después que no notó nada diferente en su madre: «Ella era así antes y después del Opus Dei. Era muy seria, muy equilibrada, nada le sacaba de quicio, ni engrandecía nada que no fuera tal» 77. En las cartas que escribió, tanto a José María Escrivá como a las otras mujeres del Opus Dei, mostraba su deseo de ser un apoyo, pero fundamentalmente volcaba sus preocupaciones que, habitualmente, eran su trabajo y, sobre todo, sus hijos.

Quizá lo que sí cambió fue ver colmado aquel deseo que ella había tenido siempre, de llegar a gente joven, a los «corrientes y molientes». También la pe tenencia a una familia, totalmente compatible con la que tenía ya, pero de la que se sentía parte también. En sus cartas se aprecia, ya desde 1945, el cariño por las otras mujeres del Opus Dei, e incluso en la que contaba que había pedido la admisión en la Obra les decía: «Estoy muy contenta, dile a todas que ahora ya de verdad soy hermana vuestra» 78.

Unas palabras suyas, en una carta escrita en octubre de 1946, muestran lo que ella entendió que era el Opus Dei y cómo lo vivió desde esos inicios y hasta su muerte más de cuarenta años después: Tengo tal cantidad de cosas y de tal calibre, que no me desenvuelvo. Es mucho para mi capacidad todo esto y como no tengo en quien descansar o de quien ayudarme algo, así voy malamente atendiendo a lo más urgente y dejando otras muchas cosas a las que no puedo llegar. Lo llevo con muy buen deseo de servir con todo al Señor y ayudar en lo que pueda a la Obra y al Padre, pero de alegría… si el Señor, que ve en lo interior, recibe como tal mi deseo de tenerla, eso servirá, pero yo me siento agobiada y llena de temores […] 79.

Ser del Opus Dei no le privó de sufrimientos y penurias, que fueron constantes en la vida de esta mujer. Quizá algo que se corresponde bien con las personas a las que ella misma quería llegar, teniendo en cuenta, por ejemplo, su trabajo en el barrio Pizarrales de Salamanca. En una carta escrita en octubre de 1946 afirmaba: «He pasado un buen turbión, del que parece que voy saliendo y gracias a Dios sin mucho daño. Las preocupaciones, más que las ocupaciones, me han agobiado, el ánimo se me declaró en huelga, me he sentido cansada, inútil, fracasada, en fin y lo que era peor de todo, una farsante de mi propia vida» 80.

Solo un mes más tarde volvía a escribir: «He decidido sufrir y callar, porque mientras el Señor no quiera que esto pase de nada sirven las palabras ni consideraciones y únicamente vale hacer de la necesidad virtud» 81. También la percibían así sus allegados, pues afirma Belén Nieto Centeno, una sobrina que convivió con ella entre los 9 y los 15 años: «Impactaba su integridad y la sensación de que era portadora de un secreto, de algo que motivaba sus actos y sus palabras. Siempre me despertó mucha curiosidad esa sensación de paz y aceptación habiendo vivido tragedias de primer orden y en carne propia» 82.

En definitiva, Aurora Nieto Funcia fue una mujer corriente de su tiempo, con un trabajo y una familia que sacar adelante. A la vez, una mujer poco común, una pionera que supo ver en el mensaje de José María Escrivá una vocación y un mensaje que intentó vivir, desde aquel 30 de octubre de 1945, durante toda su vida.

Conclusiones

Dice Victor Hugo en su célebre obra Los Miserables, que la misión del «historiador de las costumbres y de las ideas» es la de describir «el fondo, el pueblo que trabaja, que padece y espera, la mujer oprimida, el niño que agoniza, las guerras sordas de hombre a hombre, las ferocidades oscuras, las preocupaciones, las alarmas fingidas, los efectos indirectos y subterráneos de las leyes […]». Podría decirse que la vida de Aurora Nieto Funcia no ubica este artículo en la categoría que el novelista francés denomina «de los hechos exteriores», sino en la de los «historiadores de los corazones y de las almas». De personas anónimas, con vidas sencillas, que no sobresalen entre sus contemporáneos, que no marcan una época, una nación, una dinastía o una profesión. Pero que no por ello son menos importantes o necesarios, pues, citando de nuevo a Victor Hugo, «¿se conoce bien la montaña cuando no se conoce la caverna?».

La historia de Aurora Nieto Funcia nos permite conocer mejor, por una parte, una época histórica concreta, como son los años de la España de posguerra, en la primera década de la dictadura de Franco, cuando los derechos de las mujeres se vieron reducidos y su papel relegado bajo el hombre. El caso de Nieto Funcia es una muestra de que la realidad –cada vida–, siempre supera la teoría, siempre está por encima de las leyes y el papel. Si bien fue una mujer muy típica de su tiempo, católica e incluso probablemente defensora del franquismo, también fue lo contrario a lo que se entiende por una mujer sumisa. Tuvo una vida muy complicada y supo sacar adelante, a base de trabajo, a su familia. Puede decirse, por tanto, que es una mujer distinta de lo que habitualmente la historiografía entiende que es una mujer en el franquismo. Es también por eso muestra de que no se puede reducir la historia de las mujeres a una sola interpretación de lo que estas eran y de cómo vivían. Evidencia, asimismo, que dentro del franquismo existía un amplio espectro de mujeres y de formas de entender la vida y el papel de estas en la sociedad.

Por otro lado, a pesar de haber formado parte de órganos dirigentes de Acción Católica, y de que es probable que apoyara al régimen de Franco, puede afirmarse también que no era una mujer interesada en política. Mientras otras se volcaron en la acción política del régimen, como líderes de la Sección Femenina de FET y de las JONS, ella, que tal vez por el pasado político de su marido y por su formación podía haber medrado en las estructuras de la dictadura, se mantuvo al margen. Mucho menos puede considerarse que era una mujer interesada en imponer o en propagar la ideología franquista. Su único interés, tal y como demuestran las fuentes, era el de acercar a las personas que conocía, empezando por sus hijos, a Dios.

También por esto la historia particular de Aurora Nieto Funcia sirve para conocer mejor la institución a la que perteneció, a su entender por vocación divina, durante cuarenta años: el Opus Dei.

En primer lugar, puede decirse que fue una excepción entre las mujeres del Opus Dei en los años que ocupa este artículo, pues era la única que tenía hijos a su cargo, que no conocía muy bien cuál era su lugar dentro de la institución, y que había pedido la admisión siendo ya mayor, a los 41 años. A la vez, lo cierto es que José María Escrivá no vio inconveniente y que las primeras mujeres del Opus Dei se fiaron de esta decisión del fundador, a pesar de que es probable que ellas no tuvieran muy clara cuál era la situación y el futuro de Aurora Nieto Funcia en el Opus Dei. También que, sin estar definida todavía la figura de los supernumerarios, no solo jurídicamente, la experiencia de esta mujer ayuda a entender que, si bien los supernumerarios son tan del Opus Dei como los demás y que hay una sola vocación, cada uno tiene su lugar. Y que eso se refleja no solo en las circunstancias externas –en el caso de Nieto Funcia evidentes, al ser viuda y tener tres hijos que le impedían un compromiso de celibato– sino también en las circunstancias internas, pues no deja de ser sorprendente la aparente contradicción entre el afán por querer formar parte del Opus Dei y la cierta incomodidad con el estilo de vida que llevaban las numerarias. Nieto Funcia ayuda, precisamente, a clarificar esta figura, y a entender la importancia de las circunstancias y de la disponibilidad ante la misma realidad vocacional. Es, en definitiva, precursora de algo que se resolvió con total naturalidad posteriormente.

En conclusión, la vida de Aurora Nieto Funcia, en su sencillez, es a la vez ventana para aprender de un contexto, el franquismo, y de una institución religiosa, el Opus Dei, pero también de la historia de las mujeres y, por tanto, de la Historia en general, que ha de estar, como la vida, compuesta por grandes hitos y pequeñas batallas.

Autora: Ana Escauriaza. Graduada en Historia y Periodismo por la Universidad de Navarra y doctora en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Actualmente trabaja como investigadora en el Centro de Estudios Josemaría Escrivá (CEJE), en la Universidad de Navarra.

Notas:

1 Sobre la transformación de España desde 1975 puede verse, por ejemplo, Javier Tusell, La transición española a la democracia, Madrid, Información e Historia, 1999; Santos Juliá, La España del siglo XX, Madrid, Marcial Pons, 2003; Santos Juliá, Transición. Historia de una política española (1937-2017), Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2017; Charles Powell, El amigo americano. España y Estados Unidos: de la dictadura a la democracia, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2011; Pere Ysàs – Carme Molinero, La Transición. Historia y relatos, Madrid, Siglo XXI, 2018.

2 Cfr. https://datos.cis.es/pdf/Es3360creenciasMT_A.pdf, p. 16 [6 de junio de 2023]. Hay, además, un 36,4% de españoles católicos, pero no practicantes.

3 El Opus Dei en España: https://multimedia.opusdei.org/reports/spain/ [6 de junio de 2023]. Es cierto que no todos los miembros que viven en España serán españoles, de la misma forma que habrá muchos españoles que viven en otros países, pero la oficina de información solo ha publicado este dato.

4 Rosario Ruiz Franco, ¿Eternas menores? Las mujeres en el franquismo, Madrid, Biblioteca Nueva, 2007, p. 25.

5 Ibid., p. 35. Como veremos, en el caso de Aurora Nieto Funcia puede decirse que no se cumplieron estas características, por tratarse de una mujer viuda que tuvo que trabajar para sacar adelante a sus tres hijos desde los 28 años. Por este motivo, muchas de las leyes que discriminaban a la mujer situándola por debajo del marido en derechos, no tuvieron lugar en la vida de Nieto Funcia, pues se centraban en las mujeres casadas o en aquellas que dependían de sus padres.

6 Inmaculada Alva, La historia de las mujeres del Opus Dei: balance y propuestas, en Santiago Martínez Sánchez – Fernando Crovetto (eds.), El Opus Dei. Metodologías, mujeres y relatos, Cizur Menor, Thomson Reuters Aranzadi, 2021, p. 169.

7  Ibid.

8 Sobre esta institución puede verse José Luis González Gullón – John F. Coverdale, Historia del Opus Dei, Rialp, Madrid, 2021.

9  Ibid., p. 158.

10 Realmente Aurora Nieto Funcia no pidió la admisión como supernumeraria, porque simplemente pidió ser admitida en el Opus Dei. Pero, dadas sus circunstancias y también viendo cómo se desarrolló su vida, puede decirse que lo que estaba pidiendo era ser supernumeraria. Es parte de lo que se aborda en este artículo. Los supernumerarios son los miembros del Opus Dei que no viven el celibato. Habitualmente son personas casadas y constituyen la inmensa mayoría de miembros de esta institución en la actualidad (70% en 2020, según la página web oficial: https://opusdei.org/es-es/article/datos-informativos-opusdei-2020/ [6 de junio de 2023]).

11 Para un estudio amplio sobre las primeras supernumerarias véase María Merino Bobillo, Una luz en el camino cristiano: las primeras supernumerarias del Opus Dei, en Martínez Sánchez – Crovetto, El Opus Dei, pp. 171-190.

12 Sobre la educación de las mujeres a principios del siglo XX y su acceso a estudios puede verse Pilar Ballarín, La educación de las mujeres en la España contemporánea (siglos XIX-XX), Madrid, Síntesis, 2001; Rosa María Capel Martínez, El trabajo y la educación de la mujer en España (1900-1930), Madrid, Ministerio de Cultura, 1986; Mercedes Montero, La conquista del espacio público. Mujeres españolas en la Universidad (1910-1936), Minerva, 2009.

13 Gaceta de Madrid, 2 de abril de 1935, p. 52.

14 Cuando falleció, el Heraldo de Zamora, entonces favorable a la gestión del Gobierno republicano-socialista del primer bienio de la República, lo calificó como «un hombre bienintencionado al que no le acompañó el acierto en su gestión pública, tenazmente combatida por nosotros» (Heraldo de Zamora, 7 de octubre de 1932).

15 Nota In pace, 29 de noviembre de 1990, AGP, U.1.4, caja 440, carpeta 68.

16 Carta de Aurora Nieto Funcia a Encarnación Ortega, 21 de marzo de 1950, AGP, U.1.1.2, legajo 21, carpeta 63. En las cartas se han corregido las faltas de ortografía menores, como tildes o comas, para agilizar la lectura. Encarnación Ortega fue una de las primeras mujeres del Opus Dei, pues se incorporó a esta institución en marzo de 1941. Ocupó diversos cargos de gobierno en Madrid y en Roma y su proceso de canonización está abierto (cfr. Maite del Riego Ganuza, Páginas de amistad. Relatos en torno a Encarnita Ortega, Madrid, Rialp, 2003).

17 Laura Sánchez Blanco, Auxilio Social y la educación de los pobres: del franquismo a la democracia, «Foro de Educación» 10 (2008), p. 133. Puede verse también Mónica Orduña Prada, El auxilio social (1936-1940). La etapa fundacional y los primeros años, Madrid, Escuela Libre Editorial, 1996; Carme Molinero, La captación de las masas. Política social y propaganda en el régimen franquista, Madrid, Cátedra, 2005; o Ángela Cenarro, Los niños del Auxilio Social: historia, memoria e identidades, «Historia Social» 76 (2013), pp. 145-163.

18 Carta de Aurora Nieto Funcia a José María Escrivá, 17 de octubre de 1945, AGP, U.1.1.1, legajo 142, carpeta 34.

19 Carta de Aurora Nieto Funcia a Narcisa González Guzmán, 2 de marzo de 1947, AGP, U.1.1.2, legajo 7, carpeta 19. Sobre la historia de esta institución puede verse Eugenio García Zarza, Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca, Salamanca, Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca, 1981. Narcisa González Guzmán, natural de León, fue una de las primeras mujeres del Opus Dei, pues solicitó la admisión en 1940 (cfr. Francisca R. Quiroga, Apuntes para una reseña bibliográfica de Narcisa González Guzmán, una de las primeras mujeres del Opus Dei, «Studia et Documenta» 4 (2010), pp. 339-371).

20 El Adelanto, 30 de septiembre de 1951; Diario del centro de Rúa, 9 de mayo de 1951, AGP, M.2.2, D204-39. En los centros del Opus Dei se suele escribir un diario que recoge los principales acontecimientos de la jornada. El centro de varones de Salamanca se llamaba Rúa y también en él hay referencias a Aurora Nieto Funcia, teniendo en cuenta que sus hijos frecuentaban ese centro y la ayuda que les prestó en los inicios del Opus Dei en esa ciudad.

21  Entrevista realizada a Ignacio Gil Nieto por Ana Nieto Centeno en 2018, Archivo familiar.

22  Testimonio de Ana Nieto Centeno, 18 de octubre de 2020, Archivo familiar.

23 Nota In pace, 29 de noviembre de 1990, AGP, U.1.4, caja 440, carpeta 68.

24  Testimonio de Ana Nieto Centeno, 18 de octubre de 2020, Archivo familiar.

25 Inmaculada Alva, Abrir nuevos caminos: algunas pioneras en los inicios del apostolado del Opus Dei entre mujeres (1942-1945), «Studia et Documenta» 14 (2020), p. 106, nota 166.

26 Consolación Pérez, “Algo sobre Aurora Nieto Funcia”, 28 de octubre de 1990, AGP, U.1.4, caja 440, carpeta 68.

27 Pio XI, Laetus sane nuntius, 6 de noviembre de 1929, n.º 3.

28 La Acción Católica de la mujer nació en 1919. Sobre Acción Católica cfr. Feliciano Montero García, La Acción Católica y el franquismo. Auge y crisis de la Acción Católica especializada, Madrid, UNED, 2000; Montero García, El movimiento católico en España, Madrid, Eudema, 1993; Montero García, El factor católico en los antecedentes de la guerra civil. Del movimiento católico a la Acción Católica, en Julio Aróstegui (coord.), Historia y memoria de la guerra civil, vol. 1, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1988, pp. 147-170; Fernando Crovetto, La Acción Católica de Pío XI en España. La influencia de la experiencia italiana (1929-1936), Pamplona, Eunsa, 2021.

29  Montero García, La Acción Católica y el franquismo, p. 12.

30 Ibid., p. 23.

31 Mónica Moreno Seco, De la caridad al compromiso: las mujeres de Acción Católica (1958- 1968), «Historia Contemporánea» 26 (2003), p. 242.

32 El Adelanto, 14 de febrero de 1942.

33 Entrevista realizada a Aurora Nieto Funcia por Maite del Riego en enero de 1980. Cedido por la autora.

34  Entrevista realizada a Aurora Nieto Funcia por Maite del Riego en enero de 1980.

35 Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), voz vocación. Aunque no sea un concepto historiográfico utilizo esta palabra en la acepción referida, pues estas personas entienden, al igual que otros, que existe una llamada de Dios para formar parte de esta institución. Un estudio sobre este concepto en la Iglesia Católica y en cómo se entiende en el Opus Dei en Fernando Ocáriz – José Luis Illanes – Pedro Rodríguez, El Opus Dei en la Iglesia: introducción eclesiológica a la vida y el apostolado del Opus Dei, Madrid, Rialp, 1993, pp. 88-111.

36 Aunque no existe todavía una investigación sobre las diferencias y similitudes entre la Acción Católica y el Opus Dei, puede verse Fernando Crovetto, «¿Conviene que me relacione con los propagandistas de Herrera?» Josemaría Escrivá y Ángel Herrera Oria en los años treinta, «Studia et Documenta» 16 (2022), pp. 125-149; Crovetto, La Acción Católica de Pio XI en España; José Manuel Cuenca Toribio, Iglesia y cultura en la España del s. XX, Madrid, Editorial Actas, 2012, pp. 137-185.

37 En el Opus Dei distinguen los diferentes tipos de miembros «según la disponibilidad habitual de cada uno para dedicarse a las tareas de formación y a determinadas labores apostólicas» entre numerarios y agregados (célibes ambos, los primeros habitualmente viven en centros del Opus Dei y los segundos no) y supernumerarios (casados o no, pero sin ese compromiso de celibato, es decir, de no contraer matrimonio).

38  Testimonio de Ana Nieto Centeno, 18 de octubre de 2020, Archivo familiar.

39  Entrevista realizada a Aurora Nieto Funcia por Maite del Riego en enero de 1980.

40  Entrevista realizada a Aurora Nieto Funcia por Maite del Riego en enero de 1980.

41 Entrevista realizada a Aurora Nieto Funcia por Maite del Riego en enero de 1980. Entiendo que la palabra seducir la utiliza en la línea de la tercera acepción del DRAE: «Embargar o cautivar el ánimo a alguien». Se refiere a José María Escrivá como «padre» porque es como se llama en el Opus Dei tanto a su fundador como a sus sucesores.

42  Guadalupe Ortiz de Landázuri pidió la admisión en el Opus Dei en 1944. También tuvo contacto con Aurora Nieto Funcia y se conservan algunas de las cartas que esta le escribió. Fue beatificada por el Papa Francisco el 18 de mayo de 2019 en Madrid (cfr. Mercedes Montero, En vanguardia. Guadalupe Ortiz de Landázuri, Madrid, Rialp, 2019).

43 Entrevista realizada a Aurora Nieto Funcia por Maite del Riego en enero de 1980. Desde los inicios del Opus Dei y hasta la actualidad, sus miembros piden ser admitidos en la institución mediante una carta dirigida al presidente general –o prelado desde 1982–. En carta de Aurora Nieto Funcia a Encarnación Ortega, 7 de septiembre de 1945 (AGP, U.1.1.2, legajo 2 bis, car- peta 6) hay también constancia de esta estancia.

44 Manuel Cuervo López (1894-1970) fue un conocido teólogo y catedrático dominico español. En esa época era superior del convento de San Esteban de Salamanca y profesor de la Universidad Pontificia de la misma ciudad (cfr. https://dbe.rah.es/biografias/71072/manuel-cuervo- lopez [12 de junio de 2023]).

45 Carta de Aurora Nieto Funcia a José María Escrivá, 17 de octubre de 1945, AGP, U.1.1.1, legajo 142, carpeta 34.

46 Carta de Aurora Nieto Funcia a Encarnación Ortega y Narcisa González Guzmán, 22 de agosto de 1945, AGP, U.1.1.2, legajo 2 bis, carpeta 6.

47 Carta de Aurora Nieto Funcia a Encarnación Ortega, 30 de octubre de 1945, AGP, U.1.1.2, legajo 2 bis, carpeta 6.

48 Merino Bobillo, Una luz en el camino cristiano, p. 174. Sobre Ramona Sanjurjo puede verse Francisca Colomer Pellicer, Ramona Sanjurjo Aranaz y los inicios del Opus Dei en Vigo, «Studia et Documenta» 12 (2018), pp. 303-315.

49 Merino Bobillo, Una luz en el camino cristiano, p. 171. El Decretum Laudis es el documento canónico por el que el Opus Dei fue aprobado como Instituto Secular en 1947. La «Obra» es un modo abreviado de referirse a la «Obra de Dios», es decir, Opus Dei en español.

50 Cfr. Alfredo Méndiz, Los primeros pasos de la ‘obra de San Gabriel’ (1928-1950), «Studia et Documenta» 13 (2021), p. 248.

51 Carta de Aurora Nieto Funcia a José María Escrivá, 22 de agosto de 1947, AGP, U.1.1, legajo 142, carpeta 34.

52  Ocáriz – Illanes – Rodríguez, El Opus Dei en la Iglesia, pp. 112-129.

53 Carta de Aurora Nieto Funcia a Narcisa González Guzmán, 4 de mayo de 1947, AGP, U.1.1.2, legajo 7, carpeta 19.

54 Carta de Aurora Nieto Funcia a Encarnación Ortega, 1 de noviembre de 1948, AGP, AGP, U.1.1.2, legajo 9, carpeta 25.

55 Carta de Aurora Nieto Funcia a Encarnación Ortega, 26 de diciembre de 1948, AGP, U.1.1.2, legajo 9, carpeta 25.

56 Carta de Aurora Nieto Funcia a José María Escrivá, 22 de agosto de 1947, AGP, U.1.1, legajo 142, carpeta 34.

57  Carta de Aurora Nieto Funcia a Encarnación Ortega, 26 de agosto de 1947, AGP, U.1.1.2, legajo 7, carpeta 19.

58 Carta de Aurora Nieto Funcia a Encarnación Ortega, 22 de septiembre de 1949, AGP, U.1.1.2, legajo 14, carpeta 40.

59 Nota In pace, 29 de noviembre de 1990, AGP, U.1.4, caja 440, carpeta 68. Los miembros del Opus Dei escriben una carta, como ya se ha mencionado, para poder ser admitidos en la institución. A partir de entonces comienza un camino de discernimiento por el que la persona primero es admitida, después incorporada de manera temporal (oblación) y por último de manera definitiva (fidelidad). Los tiempos en los que se dan esas incorporaciones varían según las circunstancias de cada persona.

60 Carta de Aurora Nieto Funcia a Encarnación Ortega, 7 de noviembre de 1945, AGP, U.1.1.2, legajo 2 bis, carpeta 6.

61 Carta de Encarnación Ortega a Aurora Nieto Funcia, 8 de noviembre de 1945, AGP, U.1.1.2, legajo 2 bis, carpeta 6.

62  Diario del centro de Los Rosales, 31 de octubre de 1945, AGP, U.2.2, D-1356.

63 Cfr. Enrique Muñiz (ed.), Los primeros supernumerarios del Opus Dei, Roma, Istituto Storico San Josemaría Escrivá, 2021.

64 Carta de Aurora Nieto Funcia a Encarnación Ortega y Narcisa González Guzmán, 24 de julio de 1945, AGP, U.1.1.2, legajo 2 bis, carpeta 6. Los nombres de las que pidieron la admisión en Alva, Abrir nuevos caminos, p. 106 y en María Merino Bobillo, Las primeras supernumerarias españolas (1939-1952), en Santiago Martínez Sánchez – Fernando Crovetto (eds.), Gentes, escenarios y estrategias. El Opus Dei durante el pontificado de Pío XII, 1939-1958, Cizur Menor, Thomson Reuters Aranzadi, 2023, p. 250.

65 Carta de Aurora Nieto Funcia a Encarnación Ortega, 16 de diciembre de 1945, AGP, U.1.1.2, legajo 2 bis, carpeta 6.

66 Carta de Aurora Nieto Funcia a Narcisa González Guzmán, 17 de junio de 1945, AGP, U.1.1.2, legajo 2 bis, carpeta 6.

67 Por ejemplo, en cartas fechadas el 21 de abril y el 4 de junio de 1946 le cuenta a Narcisa González Guzmán de varias chicas a las que ha explicado el Opus Dei. También en el diario de Rúa aparecen referencias a chicos que llegaban porque Aurora Nieto Funcia les había contado de la existencia del centro (Diario del centro de Rúa, AGP, M.2.2, D-204).

68  Testimonio de Ana Nieto Centeno, 18 de octubre de 2020, Archivo familiar.

69 Diario del centro de Rúa, 5 de abril de 1950, AGP, M.2.2, D204-37. También hace mención de esta tarea en una carta dirigida a José María Escrivá el 14 de marzo de 1950, AGP, U.1.1.1, legajo 142, carpeta 34. Según el DRAE es un «paño blanco que se pone sobre los hombros el sacerdote, y en cuyos extremos envuelve ambas manos para coger la custodia o el copón en que va el Santísimo Sacramento y trasladarlos de una parte a otra, o para manifestarlos a la adoración de los fieles».

70 Diario del centro de Rúa, 24 de diciembre de 1950, AGP, M.2.2, D204-39. En este y en otros diarios del centro se recoge en varias ocasiones la presencia de los hijos de Nieto Funcia, Fernando e Ignacio. Del primero ella misma dirá después a José María Escrivá en una carta fechada el 14 de marzo de 1950 que «anda huyendo de los chicos, no va por allí más que si le llaman expresamente, y a regañadientes; va sin embargo a hacer los ejercicios que están preparando para la semana de Pasión y está concentrado y hermético». Carta de Aurora Nieto Funcia a José María Escrivá, 14 de marzo de 1950, AGP, U.1.1, legajo 142, carpeta 34.

71  Entrevista realizada a Ignacio Gil Nieto por Ana Nieto Centeno en 2018, Archivo familiar.

72 Cfr. Santiago Aurell Cardona, La formación de un gran relato sobre el Opus Dei, en «Studia et Documenta» 6 (2012), pp. 235-294.

73 Carta de Aurora Nieto Funcia a Consuelo Pérez, 28 de noviembre de 1946, AGP, U.1.1.2, legajo 4, carpeta 12.

74 Carta de Aurora Nieto Funcia a María Jesús Hereza, 22 de octubre de 1949, AGP, U.1.1.2, legajo 14, carpeta 40.

75 Sobre esta oración puede verse Juan Rego Bárcena, Las Preces del Opus Dei: comentario histórico-teológico, en «Studia et Documenta» 16 (2022), pp. 231-304.

76 Carta de Aurora Nieto Funcia a Encarnación Ortega, 24 de junio de 1946, AGP, U.1.1.2, legajo 4, carpeta 12.

77  Entrevista realizada a Ignacio Gil Nieto por Ana Nieto Centeno en 2018, Archivo familiar.

78 Carta de Aurora Nieto Funcia a Encarnación Ortega, 30 de octubre de 1945, AGP, U.1.1.2, legajo 2 bis, carpeta 6. Otros ejemplos de ese sentido de pertenencia se encuentran en las cartas escritas el 18 de noviembre, el 19 de agosto o el 17 de junio de ese mismo año. En esta última les decía: «Ya podéis pedir por mí […] porque os quiero y ‘amor con amor se paga’».

79 Carta de Aurora Nieto Funcia a Encarnación Ortega, 20 de octubre de 1946, AGP, U.1.1.2, legajo 4, carpeta 12.

80  Carta de Aurora Nieto Funcia a Encarnación Ortega, 1 de octubre de 1946, AGP, U.1.1.2, legajo 4, carpeta 12.

81 Carta de Aurora Nieto Funcia a Encarnación Ortega, 3 de noviembre de 1946, AGP, U.1.1.2, legajo 4, carpeta 12.

82 Testimonio de Belén Nieto Centeno, 1 de diciembre de 2020, Archivo familiar. Belén Nieto Funcia convivió con su tía algunos años de su infancia e inicio de la adolescencia. Se entiende, en el conjunto del relato, que por «secreto» se refiere a su pertenencia al Opus Dei, pero no en el sentido literal de esta palabra, como si Nieto Funcia ocultara su pertenencia a la institución, sino con cierta inocencia, como quien mira a otra persona y sabe que hay algo misterioso, que no entiende, pero que le produce admiración y curiosidad.

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