Tema 3: ¿Qué es lo bueno? El bien, la ley.

Planteamiento de la cuestión.

Párrafos escogidos del libro de R. Spaemann, Ética: cuestiones fundamentales, Eunsa, Pamplona 1993, pp. 19-31.

 

La pregunta por la significación de los términos bien y mal, bueno y malo, pertenece a las cuestiones más antiguas de la filosofía. Pero, ¿no pertenece también a otras disciplinas? ¿No se va al médico para preguntarle si se puede fumar? ¿No hay psicólogos que aconsejan en la elección de profesión? ¿Y no le dice a uno el experto en finanzas: es bueno que cierre Ud. un contrato de ahorro para la construcción; el próximo año estará peor el asunto de las primas, y será más largo el período de espera? ¿Dónde surge exactamente lo ético, lo filosófico?

Prestemos atención al modo cómo se emplea la palabra bueno en el contexto citado. El médico dice: «es bueno que Ud. se quede un día más en la cama». Estrictamente, al usar la palabra bueno debería añadir dos cosas; debería decir: «es bueno para Ud.» y añadir: «es bueno para Ud. en el caso de que lo que quiera ante todo sea curarse». Estas añadiduras son importantes, pues en el caso de que alguien planee, por ejemplo, un robo con homicidio para un determinado día, entonces, consideradas todas las cosas, resulta sin duda mejor. si “pesca” una pulmonía que le impide acometer su empresa. Pero puede ocurrir que, por tener que llevar a cabo un día algo importante e inaplazable, no hagamos caso al médico que nos manda hacer reposo en cama, y aceptemos el riesgo de una recaída en la gripe. A la pregunta de si es bueno actuar así, el médico, como tal, no puede pronunciarse en absoluto. «Bueno» significa para él, según su modo de hablar, que es bueno si de lo que se trata ante todo es de su salud. Decir eso es de su competencia. Como persona, pero ya no en su calidad de médico, puede decir que, en mi caso, debo tener en cuenta ante todo la salud.

Porque si yo quiero despilfarrar el dinero, o dárselo a un amigo que lo necesita de modo apremiante, en lugar de colocarlo en un contrato de ahorro para la construcción, el experto financiero no puede decir nada al respecto. Si él dijera «bueno», entonces estaría pensando: «es bueno para Ud. si es que se trata ante todo de agrandar su peculio a plazo más largo».

En todos estos buenos consejos, la palabra «bueno» significa «bueno para alguien en un determinado sentido», y entonces puede ocurrir que la misma cosa resulte, bajo diversos aspectos, buena o mala para la misma persona. Hacer muchas horas extraordinarias es bueno, por ejemplo, para subir el nivel de vida, pero es malo para la salud. Puede ser también que la misma cosa sea buena para uno y mala para otro; así la construcción de una carretera puede ser buena para los automovilistas y mala para los vecinos, etc.

Pero también usamos la palabra «bueno» en un sentido, por así decir, absoluto, o sea, sin añadir un «para», o «en determinado sentido». Este es el significado que tiene en moral la palabra bueno. Este significado cobra actualidad siempre que se da conflicto de intereses o de puntos de vista; también cuando se trata del interés o de los puntos de vista de una misma persona, por ejemplo, los del nivel de vida, la salud o la amistad. Surgen entonces dos cuestiones: ¿qué cosa es realmente y de verdad buena para mí? ¿Cuál es la jerarquía exacta de los puntos de vista? La otra cuestión es: en caso de conflicto, ¿qué bien o qué interés debe prevalecer?

 

Discusión y notas para una reflexión.

 

En el campo de lo «bueno para Juan desde el punto de vista de la salud», o de lo «bueno para Pablo desde el prisma del ahorro de impuestos» se pueden hacer razonamientos de validez general; pero cuando la palabra «bueno» se toma en un sentido absoluto, entonces, por el contrario, las afirmaciones se hacen relativas, dependientes del ámbito cultural, de la época, del estrato social y del carácter de los que usan esas palabras. Y, presuntamente, esta opinión puede apoyarse en un rico material de experiencia: ¿no existen culturas que tienen por buenos los sacrificios humanos? ¿No hay sociedades que mantienen la esclavitud? ¿No concedieron los romanos al padre el derecho de exponer al hijo recién nacido? Los mahometanos permiten la poligamia, mientras que en el ámbito de la cultura cristiana sólo se da como institución el matrimonio monógamo, etc.

En moral, la palabra «bueno» designa el punto de vista bajo el que se ordenan los demás puntos de vista, que son la causa de que queramos esto o aquello. Sin mostrar aquí en qué consiste, podemos decir en qué no consiste (desde el punto de vista moral): no en la salud, ya que en ocasiones puede ser bueno estar enfermo; ni en el éxito profesional, ya que puede en ocasiones ser bueno tener un poco menos de éxito; ni en el altruismo, pues circunstancialmente puede ser bueno pensar en uno mismo.

Vivir rectamente, vivir bien, significa ante todo establecer una jerarquía en las preferencias. Los antiguos filósofos pensaron que podían ofrecer un criterio universalmente válido para establecer una adecuada jerarquía; es correcta aquella ordenación de acuerdo con la cual el ser humano vive feliz y en paz consigo mismo.

¿Qué es lo que mueve a aceptar que las palabras bueno y malo, bien y mal, tienen no sólo un sentido absoluto, sino un significado universalmente válido? Si oímos que unos padres tratan cruelmente a un niño porque se ha hecho pis en la cama, no juzgamos que esa manera de proceder sea satisfactoria y por tanto «buena» para los padres, y «mala» por el contrario para el niño; sino que desaprobamos sin más el proceder de los padres, ya que nos parece malo en un sentido absoluto que los padres hagan algo que es malo para el niño. Y si oímos que una cultura acostumbra a hacer esto, juzgamos entonces que esa sociedad tiene una mala costumbre. Y cuando un hombre se comporta como el polaco P. Maximiliano Kolbe que se ofrece libremente al bunker del hambre de Auschwitz para, a cambio, salvar a un padre de familia, no pensamos que lo que fue bueno para el padre de familia y malo para el Padre Kolbe sea, considerada en abstracto, una acción indiferente, sino que en ella vemos a un hombre que ha salvado el honor del género humano que sus asesinos habían deshonrado. La admiración surge allí donde se cuente la historia de este hombre, sea entre nosotros, o sea entre los pigmeos de Australia.

La disputa sobre el mal y el bien demuestra que la ética es campo de litigios. Pero eso es también lo que demuestra justamente que no es algo puramente relativo, y que puede ser difícil aclararse en los casos limites. Esa disputa demuestra que determinados comportamientos son mejores que otros, mejores en absoluto, no mejores para alguien o en relación con determinadas normas culturales. Todos lo sabemos. El sentido de la ética es arrojar más luz sobre este conocimiento y defenderlo frente a posibles objeciones.

 

Objetivo de la lección: a qué cuestiones quiere dar respuesta esa sesión.

 

La moral considera las acciones humanas bajo un enfoque distinto a como lo hace la medicina (salud/enfermedad) o la economía (beneficio financiero) o la técnica (productividad y rendimiento), etc. ¿Cuál es ese punto de vista propio de la moral?

La moral juzga los actos humanos desde un punto de vista particular, y sigue una lógica que es distinta a la de otras ciencias. La perspectiva de la moral es la perspectiva del bien. Del bien humano, del bien propio del ser humano, un bien que es querido en sí y por sí, no por su utilidad o por el beneficio que comporta. La lógica de la moral no es principalmente la lógica de la utilidad o de la eficiencia u otras lógicas (en medicina, la salud; en economía, los beneficios; en la técnica, el rendimiento a bajo coste; etc.). Sentimos orgullo por el comportamiento de los bomberos de las Torres Gemelas, aunque su acción fuera todo lo contrario de un éxito desde el punto de vista de la salud o de la eficiencia técnica.

El razonamiento moral (tanto en su punto de partida como en su método) se realiza de forma distinta al que se hace en matemáticas o en medicina, porque es distinto el tipo de conocimiento que queremos alcanzar. Hay conocimientos que no comprometen a la persona en su propia libertad, en el rumbo que está dando a su vida, en el ideal de vida humana que se ha propuesto. Para saber si la tierra gira alrededor del sol o es al revés, no importa preguntarle a una persona honesta o un ladrón. Pero las cosas cambian cuando se quiere saber si robar es lícito o no.

Todas las personas desean tomar decisiones correctas, pero a menudo la misma decisión unos la consideran buena y otros mala; no todos coinciden en llamar bueno o malo a lo mismo, y menos aún coinciden en explicar por qué es bueno o malo. ¿De qué maneras la gente justifica moralmente sus acciones?

 

¿Qué preguntas han de estar en condiciones de responder los alumnos tras asistir a esa sesión?

 

Un médico mira las constantes vitales para saber si está bien la salud. Un analista financiero mira las cuentas de resultados. Un moralista, ¿qué mira?

La fragmentación del saber es una de las claves del avance científico. ¿No suena a poco real y descalifica a la ética como ciencia que hable de la vida humana como algo unitario, cuando tenemos la personal experiencia de que cada uno se mueve al cabo del día tras miles de intereses diversos?

Se ha hecho célebre la frase de Sócrates de que es preferible sufrir la injusticia que cometerla, pero ¿de verdad que es preferible; por qué habría de ser preferible?- ¿Será posible que algún día las conclusiones éticas estén tan fuera de duda como lo están las de astronomía o las de medicina? ¿Por qué cuesta tanto aceptar las afirmaciones de tipo ético de que, por ejemplo, es inmoral acabar con la vida de un anciano, o utilizar embriones humanos para investigación, etc.?

¿Qué enseña el caso práctico?: en moral las acciones buenas son aquellas que construyen y afianzan nuestra propia humanidad

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