El sacramento del matrimonio: por qué no da lo mismo casarse por la Iglesia

1. El título asignado sugiere un planteamiento apologético del tema: dar razones para animar al matrimonio por la Iglesia en un momento en el que:
(i) la mayoría no se casa;
(ii) de los pocos que se casan, cada vez menos se casan por la Iglesia.

a. Se trata de algo que probablemente nos afecta a todos. En la medida en que vivimos en medio del mundo, tanto nuestras familias como la labor apostólica tiene poros… No somos un grupo selecto o segregado y, sin embargo, tenemos la función de ser fermento, sal y luz; de lograr generar a nuestro alrededor remansos de aguas limpias, donde se perciba la verdad con mayor claridad que en otros ambientes.

b. El argumento puede plantearse desde dos puntos de vista complementarios. Lo que diré a partir de ahora, si quiere utilizarse en el diálogo apostólico, exigirá el don de lenguas y la capacidad de traducir de cada uno. Reproducir argumentos ajenos adolece de la autenticidad necesaria para que produzca mínimos efectos.

2. Punto de vista antropológico y cultural: en el mercado de ofertas matrimoniales, el matrimonio cristiano es el mejor producto.

a. Es un mensaje que, desde el punto de vista más periférico, calaba en muchos novios hasta hace poco: las bodas por la Iglesia “son más bonitas”.

b. Yendo más al fondo, la cuestión se puede relacionar no con el tipo de ceremonia que se quiere, sino con el tipo de amor que se profesa a la otra persona:

– Exclusivo: quererte a ti significa preferirte x completo a otros
– Con futuro: no lo imagino sin ti… (para siempre)
– Fecundo (abierto a la vida)

c.  Que depende de la experiencia concreta que tengo de los efectos de ese amor en mí y en el otro: Que me mejora y que le mejora. Si experimento esto, querré lo anterior. [Es lo que en Una decisión original, hemos llamado experimentar un amor con denominación de origen).

d. En el mercado de ofertas matrimoniales solo el matrimonio por la Iglesia apuesta y protege este amor:

.  Apuesta: verifica y acompaña hacia el matrimonio para que sea lo que se sueña.
–  Protege: ayudando a superar las crisis en vez de dándolo por terminado a las primeras de cambio.

3. Punto de vista teológico (ver las cosas bajo la luz de Dios, con su claridad)

a.  El matrimonio está en estrecha dependencia con la situación profunda (pero real) del hombre. Un único matrimonio desde los orígenes, vivido en tres estados diversos: originario, caído, redimido. Según la situación que atraviesa el hombre, así es su amor y su comunidad de vida y amor.

b.  La realidad del Bautismo y su dramática reducción a puerta de ingreso y encima malentendida (ingreso a un lugar en el que no quiero estar).

–  En efecto, es ingreso a la vida intratrinitaria y, por ello, a la Iglesia.
–  Y da a mi vida carácter sacramental: soy otro Cristo y hago presente a Cristo. No puedo no serlo.
–  El matrimonio como sacramento del amor de Cristo x la Iglesia

c. La realidad sacramental como ayuda (en relación con lo anterior)

d. Nuestro fracaso educativo: estamos más cómodos, incluso entre cristianos, en el primer tipo de razonamiento que en el segundo. Como si Cristo hubiera venido solo a echarnos un cable para que siguiéramos nuestra existencia meramente humana…

Conclusión animante: la misión de abrir a la belleza de la acción de Cristo en la realidad del amor humano, primero a los que participan de la labor y luego a todos. Atrevernos a un discurso en el que la acción redentora de Cristo ocupe el primer lugar, sin falsos complejos.

Bibliografía

N. Álvarez de las Asturias, M. Álvarez de las Asturias, L. Buch, Una decisión original. Guía para casarse por la Iglesia, Palabra, Madrid 2018.

J. Granados, Una sola carne en un solo espíritu. Teología del matrimonio, Palabra, Madrid 2014.

P.-J. Viladrich, La agonía del matrimonio legal, Eunsa, Pamplona 2010.

 

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